Venimos a
considerar el teatro una llama. Una luz sutil y ondulante que no solo nos mece
el alma y nos sacude la conciencia, si no que, dentro de un aula, ilumina,
irradia templanza y alumbra ideas y sentimientos.
El teatro
es lo que podríamos denominar un aprendizaje por experimentación. Su uso nos
permite sumergirnos en otros parajes, en otras épocas, bajo otras pieles y con
otros sentimientos. Es un juego de empatías, vivido en comunidad y construido
sobre nuestras experiencias, para llegar a otros lugares.
Es un
juego, un juego fascinante, pero un medio extraordinario para aprender, no un
recurso trivial e intrascendente.





























