miércoles, 1 de julio de 2026

Contradicciones


Se dice que en una áspera discusión entre Francisco Franco y su cuñado, y a la sazón ministro de exteriores de España, Serrano Suñer, a cuenta de la posición de España en la Segunda Guerra Mundial (germanófila o neutral), Franco le espetó a su cuñado “las ideologías son peligrosas”, a lo que el ministro contesto “las ideologías son mentira”.

Podría traer esta anécdota a la actualidad política española, pero no merece la pena. Sin embargo, me ha recordado la admiración de Hitler por los cantantes de ópera. Judíos.

Adolf Hitler sentía una profunda fascinación por la música y la ópera. Esta obsesión artística generaba contradicciones extremas en su propia ideología racista. Aunque el régimen nazi perseguía sistemáticamente a los ciudadanos de origen judío, Hitler admiraba en privado a los tenores Richard Tauber y Joseph Schmidt debido a su extraordinario talento vocal, llegando a justificar su gusto bajo la premisa de que "la genialidad musical superaba al origen del artista".

Tauber (1891–1948) era un cantante austriaco, hijo de una soprano católica y un actor judío. Poseía una voz de tenor lírico excepcionalmente cálida, elegante y versátil. Se había convertido en el máximo exponente de las obras de Franz Lehár. Su interpretación de la pieza "Dein ist mein ganzes Herz" (Tuyo es mi corazón) lo transformó en un ídolo de masas. A pesar de haber sido criado como católico, las leyes raciales de Núremberg lo clasificaron como judío (Mischling). Tras ser agredido físicamente por los camisas pardas nazis, huyó a Austria y posteriormente se exilió en Gran Bretaña, donde continuó su exitosa carrera.

Schmidt (1904–1942) era ucraniano judío y poseía una voz deslumbrante, de agudos impecables y un timbre profundamente emotivo. Medía apenas 1,50 metros de estatura lo que le impidió hacer una carrera tradicional sobre los escenarios de ópera, pero se convirtió en una superestrella mundial gracias a la radio, los discos y el cine. Su canción insignia fue “Ein Lied geht um die Welt” (Una canción da la vuelta al mundo). Al llegar al poder los nazis en 1933, le prohibieron cantar en la radio estatal. Escapó por varios países de Europa. Finalmente, debilitado y sin recursos, fue internado en un campo para refugiados en Suiza, donde murió de un ataque al corazón a los 38 años.

La relación de Hitler con estos dos cantantes demuestra la tremenda disonancia cognitiva y la hipocresía estética del dictador alemán. Hitler consideraba que el arte y la música operística estaban en una dimensión superior a la política cotidiana. Existen registros de conversaciones privadas en su cuartel general donde, al ser advertido por sus ayudantes de que el disco que escuchaba con deleite pertenecía al judío Joseph Schmidt, él respondió de forma tajante: "¡Y eso qué más da! ¡Lo único importante es que la música sea maravillosa!". El talento de Joseph Schmidt era tan colosal que el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, llegó a ofrecerle en los inicios del régimen el estatus de "Ario de honor" si accedía a quedarse en Alemania a cantar para ellos. Schmidt rechazó con dignidad la oferta y prefirió huir. Antes de su radicalización total, Hitler pasó sus años de juventud en Viena absorbiendo la cultura de los teatros musicales. Las voces de Tauber y Schmidt encarnaban a la perfección el ideal romántico de la época dorada de la música centroeuropea, un sonido que despertaba la nostalgia del dictador. A pesar de esta gran admiración artística en el ámbito privado, la ideología de destrucción del Tercer Reich no hizo excepciones institucionales: el régimen nazi prohibió la difusión de sus discos, confiscó sus bienes y forzó a ambos cantantes al exilio, destruyendo de forma sistemática la vida de Schmidt y la carrera en suelo alemán de Tauber.

Esta mañana he oído contar a un político de extrema derecha como le gustaba el juego de Senegal.

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