Lo dijo ayer Marisa Elviro, la concejal de Llanes amiga de Laura Cruz, la mujer guardia civil asesinada por su ex pareja, tambien miembro del cuerpo, "no parará hasta que me mate". Y la mató. La de Laura es la historia de muchas mujeres. Se enamoran y descubren muy tarde que su pareja es un cabrón.
Como sociedad nos hemos impuesto la obligación moral de proteger a los más débiles de nuestra sociedad, y ella era uno de ellos. Pero nos hemos acostumbrado a soportar que cada año 40 o 50 mujeres mueran por ser mujer, y una larga lista sufran cada año. A laura la pasaron las dos cosas. Denunció a su pareja en 2019, y al principio, el sistema de protección viogen funcionó y él fue condenado. Pero en diciembre la orden de alejamiento decayó. Nadie hizo nada, los controles se relajaron y ella, finalmente murió. Ella que tanto tiempo dedicaba a cuidar a los demás (a sus hijos, a sus niños del baloncesto, a todos, como policia) se encontró con que a ella no la cuidaba nadie.Contrasta el caso con el de otra Laura (Borras, como la magia). Ella no cuidaba a nadie, solo a si misma y a sus correligionarios. En 2023 fue condenada a cuatro años y medio de prisión y trece años de inhabilitación por los delitos de prevaricación y falsedad en documento oficial. La condena se debió a la adjudicación irregular y fraccionada de contratos públicos "a dedo" a un amigo suyo cuando ella dirigía la Institució de les Lletres Catalanes (ILC) entre 2013 y 2018. En total 330.000 euros que se fueron por el sumidero. Obligado por sus necesidades parlamentarias, el gobierno ha andado muy solícito para indultarla, lo justo para que no fuera a la carcel y, en breve, para que no se la inhabilite y pueda volver a ser cargo público y seguir gobernando como siempre.
Para la ley no todas las Lauras son iguales, ni todos los delitos requieren la misma atención, ni la vida es tan importante como la política.
Quizá debamos repensar nuestras prioridades y valorar más la vida de las buenas personas, que el poder de, las otras.

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