viernes, 14 de febrero de 2014

Barcina, ¿el lado oscuro de la fuerza?



¿Hacia donde mira Barcina?. Es difícil saberlo, porque casos como el suyo son para no saber a donde mirar, y más que para perder la mirada, perderse uno mismo, entre las tinieblas y, a ser posible, lejos.

La historia tiene ya un largo recorrido, tan largo como el pasillo de su casa en Loredo, “la casa escondida”, una mansión de película que el público descubrió cuando el insensato del marido de Barcina, el conocido arquitecto santanderino Pucho Vallejo, se ofreció a un programa de a3media, tipo “¿Quién vive ahí?”, para enseñarla, hacer ostentación y, ya de paso, ofrecerla por dos millones de euros. El bueno de Pucho había diseñado y construido la casa con su compañero Conrado Capilla y buscaba, poco antes de separarse de Barcina, hacer caja vendiendo el inmueble. Además de la poca inteligencia de mostrar sin decoro los lujos de la familia, la noticia, ampliamente difundida por los medios, levantó la pista del cuantioso patrimonio de la, entonces, alcaldesa de Pamplona. Al poco, Barcina dejó la alcaldía y al marido, dos buenas decisiones, dejando atrás un reguero de obras a medio hacer, gastos sin justificar y relaciones económicas poco recomendables. Como las obras ilegales realizadas en un duplex de Pamplona, donde la edil había construido 188 metros cuadrados sin permiso ni declaración alguna, convirtiendo en vivienda todos los trasteros que pilló en su edificio.
Pero el camino a la fama de la política Navarra no acabó ahí. Siendo presidenta foral, su siguiente cargo, pronto se descubrió de donde salía, en parte, el capital preciso para pagar tanto dispendio. En sus tiempos (hasta hace poco más de un año), los políticos navarros (como me imagino los de la mitad de España) tomaban con el cargo que tuvieran, derecho de pernada sobre empresas públicas y cajas de ahorro (en este caso CajaNavarra). Un sueldo, de políticos, otro de consejero de la sociedad regional de lo que sea y otro de la poltrona de la caja. Muy poco para tanto ático, tanto chalé y tanto viaje y alhajas. Solución, las dietas.  Pagos interminables por asistir a reuniones innecesarias que ella misma convocaba.

Salpicada por la sospecha, y manchada en su prestigio, Barcina se ha mantenido en el cargo, con una exigua mayoría relativa (24 diputados de 50) apuntalada por el PP (la mujer pertenece, como no, a un partido regionalista, UPN), arrastrando a su comunidad, saqueada como tantas, a una cada vez más complicada situación financiera.

Hoy la porquería ha vuelto a asomar. Hace pocos días, la directora de la hacienda foral (la institución que controla los dineros de la comunidad), Idoia Nieves, dimitía de su cargo, harta de presiones y olor a basura. ¿Presiones?, si las de la vicepresidenta de la comunidad y número dos de Barcina, Lourdes Goicoechea. La buena (es un decir) de Goicoechea, había sido asesora de varias importantes empresas antes de su llegada al poder. Ahora, supuestamente, pretendía proteger a sus antiguos clientes de inspecciones y, de paso, eximirles de ciertas obligaciones fiscales. Lo sabemos por que la directora dimisionaria ha hecho un estremecedor relato ante la prensa, aportando todo lujo de detalles sobre la protección que Goicoechea prestaba a ciertos empresarios. Fechas, correos, llamadas, datos, nombres. Un relato tan minucioso que, a expensas de lo que digan los tribunales, siembra más dudas sobre la ética y los comportamientos del gobierno navarro.

Hasta aquí un peliculón, aunque poco novedoso. Sin embargo la discusión ya no está en quien roba, quien intimida y quien corrompe. El PSOE navarro, ávido desde hace años de recuperar el poder en la comunidad, ha visto su oportunidad y ha amenazado con presentar una moción de censura contra Barcina si no se aclaran los hechos. Pero para tal medida los socialistas precisan del apoyo de toda la oposición, incluidos los radicales de Bildu. Y ese hecho es el que más repulsa ha despertado entre algunos medios y políticos, que exigen el cierre de filas ante los independentistas, y el bloqueo de su posible acceso al poder en el delicado escenario navarro, pieza muy codiciada por los batasunos. Podría haber pensado en esas consecuencias la derecha Navarra, antes de meternos en el barro.

No busquemos honradez y honestidad,  esos son ya valores escasos en cuya búsqueda quizá ya no merezca la pena perder el tiempo. ¿Dónde está la medida ética de nuestras decisiones, actos y valoraciones?. Como sociedad, incluidos los medios de comunicación, ¿Dónde está la medida de nuestras vidas?. ¿Qué es escandaloso y reprochable?.

Nos vemos envueltos en una catarata tal de barbaridades, que estamos perdiendo la capacidad para valorar y establecer prioridades. No seré yo quien muestre un solo gesto de simpatía por los independentistas vascos, esos mismos que cuando se habla de violencia y coacción miran al empedrado, pero son un partido legal, que forma parte del panorama democrático del país, que forman parte de las instituciones, que representan, por mucho que nos duela, a miles de ciudadanos. Y si no nos gusta que sean un partido es que estamos envueltos en una locura inabarcable. ¿Cómo hemos permitido que los perversos batasunos estén en las instituciones?. Convertir en un problema que un partido legal como Bildu, presente en las instituciones, no pueda ejercer la autoridad que emana de su representatividad, revela, lo primero que hemos perdido la perspectiva y consideramos  peor tener malas ideas que cometer perversos actos. Revela, además, una preocupante esquizofrenia en nuestra democracia, en la que elegimos a diputados como los de Bildu para tenerlos guardados en el armario, porque pueden ser elegidos, pero no es moralmente correctos darles los buenos días, mientras que elegimos a otros, con licencia para el saqueo, dando a su pecado menos gravedad, perdonando según que pecados antes que otros. Y revela una realidad democrática muy discutible, en la que la representatividad de algunos es cuestionable, y la de otros, a la vista de lo que roban, es discutible.

Explicaba hace unas semanas en televisión Fernando Savater, que la corrupción, vinculada a la naturaleza humana, es casi inevitable, pero que lo desolador, era la impunidad, la falta de control, la perversión de un sistema donde hemos convertido en normal un atentado a la razón y a la ética. En España un amigo de asesinos o un cómplice de robo pueden perfectamente representar a un laborioso y honesto anciano desahuciado de su casa. Y para echar al segundo nunca será bien visto acudir al primero. Un tenebroso dilema, y muy oscuro.



Imagen vozpopuli.com

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