sábado, 7 de enero de 2012

Ajustar las cuentas




El invierno es frío. El aire del norte sopla hiriente al caer el sol sobre los barrios de Santander. Aunque lacerado por el cansancio, mi padre acude cada noche a recogerme a la Albericia, al final de cada entreno. Charlamos, sonreímos, nos sinceramos y nos miramos. Es mi forma de crecer, y la suya de quererme.Estaríamos más calentitos en casa, y gastaríamos menos gasolina, y hasta consumiríamos menos en zapatillas, camisetas y gel. Pero no sería yo, sería otra persona. O quizá no sería nadie.

Un palo de hockey, unas medias sudadas y unas briznas de hierba parecen poco, pero esas pequeñas cosas nos forman, porque las hacemos nuestras, las elegimos nosotros y nos obligan a modelarnos, con un cincel salido de nuestras manos. Uno de esos cinceles le sostiene con mimo un hombre al que admiro mucho, Álvaro Saenz. Es estudiante de historia en la UC, y comanda a diez compañeros de diversas facultades que hace poco más de un año pusieron en marcha Radio SIDE, una radio universitaria apoyada por el SIDE, un organismo de orientación que impulsa el pedagogo Alfonso Nicholls. Álvaro es ya un veterano. Lleva años, desde que era un chaval, volcado en su ilusión de ser periodista. Y no es solo que lo haga muy bien, que podría ser lo de menos, por ser una cuestión que atañe a su persona, es que nos ayuda a todos.
Korocota TV, eolapaz o RTv Tanos son solo ejemplos de grupos de jóvenes, en ocasiones niños, que han decidido dejar de ser objetos, y convertirse en sujetos. Tomar iniciativas, crear campo a otros jóvenes y aprovechar su tiempo para crecer, al tiempo que viven. Son parte de una cultura más extendida de lo que algunos creen, en la que jóvenes de toda España abandonan el campo del mero espectador, vulnerable a la opinión y las aviesas y dormideras intenciones de los bien pensantes de turno, para convertirse en emprendedores sociales. Chicas y chicos que, como dice Dolors Roig, crean, difunden y defienden nuevas ideas, nuevas concepciones y nuevas rutas para nuestra sociedad. Para una nueva sociedad, con bases éticas, objetivos e intereses más participativos, más sociales y más innovadores. O, al menos, se entrenan para ello.
Nadamos, corremos, pintamos, cantamos, escribimos o contamos a través de un micrófono. Es nuestra forma de ir tomando parte de esta sociedad que, creo, tanto necesita de sangre nueva, para limpiar los cuajarones que una banda de políticos, pseudo artistas y empresarios amorales han creado sin compasión para con nadie.
Los de Radio SIDE trabajan desde un cuartucho de la facultad de derecho-económicas, ponen en marcha y difunden iniciativas de todo tipo para la comunidad universitaria, cobran cero euros, no disfrutan de ninguna beca y se han gastado en dos años algo menos de dos mil euros. Un ordenador, cuatro micrófonos, una mesa de mezclas y una conferencia de Iñaki Gabilondo el pasado trimestre. El resto, acoquinado de su propio bolsillo. Es, con diferencia, la más barata de las emisoras de la ARU (la Asociación de Radios Universitarias), a la que pertenece Radio Side.
Con todo son pocos argumentos para Gonzalo. Una de esas noches de frío, mi padre traía encendida la SER. Antes de las nueve, la emisora local programa un debate, y aquel día tocaba la universidad. Entre los contertulios Gonzalo Cayón, estudiante de la facultad de económicas y voz del PP en el campus. Aun Rajoy no era presidente, pero Diego si, y amparado por un poder casi incontestable, Gonzalo cuestionó el SIDE, la radio o las iniciativas de gente como Álvaro, entre otras cosas. Entre esas cosas no estaba el recorte de dos millones de euros a la UC, un recorte enmascarado en la entrega de fondos para el campus de excelencia, sin explicar que uno es un dinero de la autonomía, y el otro del estado central, por más que la comunidad sea ahí, poco más que un repartidor. Son cosas de la política, en febrero hay elecciones caustrales y los delegados del claustro y los de centro deberán elegir al nuevo presidente del Consejo de Estudiantes. Y Gonzalo, o algún colega de partido, y Ramón, y Carlos Fernández están ahora en la lucha por el poder, que es más importante que el trabajo para crear y servir a la comunidad.

Esta mañana contaban en televisión española que el gobierno, necesitado de ahorrar dinero de todas partes, para pagar las deudas de la megalomanía, la ineptitud y la corrupción de muchos políticos, ha decidido quitarle la subvención a la Casa de España de Moscú. Una institución ciudadana que ha defendido la idea de España y su cultura desde hace setenta años, manteniendo viva nuestra identidad, entre los niños de la Guerra y los inmigrantes en aquel país, y que había sido objeto, hasta ahora, de la admiración de los gobiernos democráticos españoles. Nos hemos ahorrado veinte mil euros.
La noticia no decía nada de ahorrar los ciento cincuenta millones que cuestan las doscientas embajadas de las comunidades autónomas en el extranjero. Claro que, a diferencia de la casa de España en Moscú, estas no sirven para nada, lo cual debe ser un punto a favor. Son lugares muy bonitos, donde amigos de los gobiernos catalán, madrileño, castellano manchego o valenciano, entre otros, vegetan y recomiendan a sus exiguos visitantes que arreglen sus asuntos en el ICEX, en la embajada o en el Instituto Cervantes más cercano.Al final, la situación de Radio Side, o de la Casa de España no es un problema económico. Porque si lo fuesen estarían muy abajo en la lista de recortes prioritarios, y ni siquiera estarían en la lista de personalidades a las que reclamar responsabilidades vía penal.
Pero la crisis es una buena tapadera para quitarse de en medio a todo lo que sea incomodo, no se pueda controlar o no sirva para la propaganda del nuevo poder. Que las cuentas siempre se ajustan, aunque no siempre en economía.

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