El 7 de octubre de 1571, en las aguas turquesas del golfo de Lepanto, el destino de Europa se decidió entre el estruendo de los cañones, el crujir de los mástiles y el rugido de miles de hombres que luchaban cuerpo a cuerpo sobre cubiertas empapadas de sangre y pólvora. Allí, bajo el estandarte del Papa y la dirección de la Liga Santa, las galeras cristianas —en su mayoría españolas— se enfrentaron a la poderosa flota otomana en una de las batallas navales más decisivas de la historia.
El siglo XVI había convertido al Mediterráneo en un tablero de poder. Desde el este, el Imperio otomano, bajo el sultán Selim II, extendía su influencia por los Balcanes y el norte de África, controlando rutas comerciales y desafiando abiertamente la hegemonía cristiana. Desde el oeste, el Imperio español de Felipe II se erigía como la mayor potencia de su tiempo, heredero de la gloria imperial de Carlos V y defensor de la fe católica.
La expansión turca había inquietado durante décadas a Europa. El asedio de Viena en 1529, la caída de Chipre en 1570 y los continuos ataques corsarios desde Argel demostraban que el poder otomano era una amenaza real. Roma, Venecia y Madrid comprendieron que solo una alianza podía frenar al enemigo común. Así nació la Liga Santa, una coalición promovida por el papa Pío V e integrada por España, los Estados Pontificios, la República de Venecia y la Orden de Malta.
El choque fue brutal. Las galeras se abordaban unas a otras, los arcabuces escupían fuego, las flechas incendiarias surcaban el aire. En el fragor de la lucha, un joven soldado llamado Miguel de Cervantes recibía tres disparos que lo dejarían manco de la mano izquierda, pero no de su espíritu. Más tarde, llamaría a Lepanto “la más alta ocasión que vieron los siglos”.
La Real de don Juan logró abordar la nave de Ali Pachá tras una lucha feroz. El estandarte otomano cayó, el comandante turco fue muerto, y la moral del enemigo se desplomó. Al caer la tarde, el mar estaba cubierto de restos, cuerpos y velas rotas. La victoria cristiana fue completa.
Venecia, aunque exhausta económicamente, recuperó temporalmente su influencia comercial. Roma celebró el triunfo como una señal divina: aquel 7 de octubre, según cuenta la tradición, el Papa Pío V rezaba el rosario cuando recibió la noticia de la victoria; desde entonces, la Iglesia celebra esa fecha como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.
Fuentes consultadas
- Braudel, Fernand. El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura Económica, 2005.
- Fernández Álvarez, Manuel. Felipe II y su tiempo. Espasa Calpe, 2003.
- Guilmartin, John F. Gunpowder and Galleys: Changing Technology and Mediterranean Warfare at Sea in the Sixteenth Century. Cambridge University Press, 2002.
- Parker, Geoffrey. La gran estrategia de Felipe II. Alianza Editorial, 2010.
- San Juan, Víctor. La batalla de Lepanto: la victoria que cambió el destino del Mediterráneo. Nowtilus, 2015.
- Archivo Vaticano, Documentos de la Santa Liga (ed. 2011).
- National Geographic Historia (ed. octubre 2021): “Lepanto, la gran victoria de la cristiandad”.
- BBC Mundo (2021): “Lepanto, la batalla que cambió el equilibrio del Mediterráneo”.

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