sábado, 10 de enero de 2026

Los incendios de sexta generación


Era pleno verano en Grecia, y el sol caía sin clemencia sobre las laderas boscosas del norte de Atenas. En cuestión de horas, un fuego que había comenzado como una columna de humo tenue se convirtió en una muralla de llamas, avanzando con una fuerza descomunal, tragándose árboles centenarios, casas y carreteras. Era más que un incendio forestal: era un monstruo atmosférico, una entidad capaz de crear su propio clima. Era un incendio de sexta generación.

Los incendios forestales han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos, pero lo que hoy enfrentamos es de otra magnitud. Los incendios de sexta generación son eventos extremos que han surgido en las últimas décadas como consecuencia directa del cambio climático, el abandono rural, y la acumulación de combustible vegetal en los bosques. No son simples fuegos; son fenómenos complejos, intensos, incontrolables. Marcan un antes y un después en la lucha contra el fuego.

Una de las principales causas de estos incendios es el aumento sostenido de las temperaturas globales. El cambio climático ha extendido las temporadas secas, ha reducido la humedad del suelo y ha facilitado la propagación del fuego a través de una vegetación cada vez más seca. Pero también influye el factor humano: el abandono de áreas rurales ha dejado los bosques sin gestión forestal. Matorrales y árboles muertos actúan como gasolina. A esto se suma la construcción de viviendas en zonas cercanas a los bosques, lo que complica las labores de extinción y pone en riesgo vidas humanas.

A diferencia de los incendios tradicionales, los de sexta generación son capaces de generar su propio microclima. A medida que el fuego consume grandes cantidades de biomasa, libera una energía descomunal que calienta el aire circundante, lo hace ascender violentamente y crea columnas convectivas conocidas como pyrocumulus, o incluso pyrocumulonimbus, nubes de tormenta formadas por el mismo fuego. En algunos casos, estas nubes provocan rayos que inician nuevos focos de incendio a kilómetros de distancia. El fuego se convierte en tormenta, y la tormenta alimenta al fuego. Es un círculo vicioso aterrador.

El comportamiento errático de estos incendios ha dejado obsoletas muchas de las técnicas tradicionales de extinción. En algunos casos, los propios equipos de bomberos deben retirarse y esperar a que las condiciones cambien, pues enfrentarse directamente al fuego es demasiado peligroso. Además, la velocidad de propagación puede superar los 4 kilómetros por hora, haciendo imposible la evacuación si no se actúa con extrema rapidez.

Un ejemplo emblemático de este tipo de incendios ocurrió en 2021 en la isla griega de Eubea. Durante más de una semana, un incendio de sexta generación arrasó la isla, obligando a la evacuación masiva por mar de más de 2.000 personas. Las columnas de humo se podían ver desde el espacio, y el fuego alcanzó zonas donde nunca antes se habían registrado incendios. Las autoridades se vieron completamente sobrepasadas. El fuego destruyó más de 50.000 hectáreas, y dejó un impacto ecológico y económico devastador.

Las consecuencias de estos incendios no se limitan a la destrucción inmediata. La pérdida de masa forestal agrava el cambio climático al liberar grandes cantidades de CO₂ a la atmósfera. La desaparición de ecosistemas enteros pone en peligro especies animales y vegetales, y la erosión del suelo aumenta el riesgo de deslizamientos y riadas cuando vuelven las lluvias. Además, el humo y las partículas finas afectan la salud humana, incluso a cientos de kilómetros del foco del incendio.

Estamos entrando en una nueva era del fuego. Los incendios de sexta generación no son fenómenos excepcionales, sino cada vez más frecuentes. Países como España, Australia, Chile, Canadá y Estados Unidos han experimentado episodios similares. En todos los casos, la ciencia es clara: necesitamos una transformación profunda en nuestra forma de gestionar el territorio y el clima. Es urgente invertir en prevención, restaurar los paisajes forestales, fomentar la resiliencia ecológica y reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los incendios ya no son simples desastres naturales. Son síntomas de una crisis más profunda: la crisis de nuestra relación con la naturaleza.


Fuentes consultadas:

  • FAO (2023). Wildfire Risk Managementhttps://www.fao.org
  • European Forest Fire Information System (EFFIS). https://effis.jrc.ec.europa.eu
  • El País (2021). “Grecia lucha contra el mayor incendio forestal de su historia reciente”.
  • WWF España. (2022). Incendios de sexta generación: una amenaza creciente.
  • The Guardian. “Pyrocumulonimbus: The terrifying new fire clouds of climate change.” (2021)

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