viernes, 15 de enero de 2016

Mara Torres, nuestra admirada rebelde

Pocos no sabrán quien es después de que su equipo (el de la 2Noticias) se plantase ante el gobierno negándose a firmar un programa el pasado noviembre. La razón la censura a una noticia que trataba sobre libertad en la cadena pública y el compromiso de todos los partidos para recuperarla. Todos menos PP y Unió, claro.





El hecho emergió rápidamente en esos convulsos tiempo preelectorales, pero no son una novedad en la carrera de esta periodista que ha convertido su profesión (y ha inculcado en sus compañeros) en una atalaya de valores y una fusta social para que no nos durmamos. Desde hace tiempo dirige Noticias2, un telediario diferente, a una hora diferente (primero las ocho de la tarde, luego al filo de la medianoche) y en una cadena diferente (la 2, la verdadera televisión pública, una televisión sin artificios, con mucha cultura, mucha verdad y mucha conciencia).




Su telediario alternativo gira en torno a tres grandes principios, rigor, compromiso social y nuevas tecnologías, especialmente en el ámbito de las redes sociales, porque para ella, la tecnología siempre tiene adjetivo, social, y nunca sustantivo, dinero.


La negativa a admitir la censura del director de informativos, José Silgado, es un acto de valentía y de coherencia. Pero no es más que una anécdota en la trayectoria de esta mujer. Más importante aun ha sido la actitud continuada de denuncia del número de mujeres asesinadas por otros tantos cabrones cobardes, que se dedican a ejercer su “hombría” matando mujeres.



De tantas noticias como habrá habido estos días sobre la violencia de género, Mara ha puesto su peculiar perspectiva de la vida, limpia, directa y sin escándalo posible, al servicio de un drama, de un drama con nombre de mujer.




La primera bofetada la recibimos sus oyente-adictos en boca de Edurne de la Hera, una abogada especializada en defensa de mujeres maltratadas que sacó los colores a la administración en dos frases. La justicia vende a la ciudadanía una acción inmediata ante cualquier agresión o denuncia. Hoy la mayoría de estos casos se ven ante el juez mediante procedimiento abreviado y juicio rápido. Al final se hacen juicios como churros, en el aquí te pillo, aquí te mato típicamente español.




No se investiga y lo único que se juzga es la última agresión, con resultado muy benévolo para el agresor. Quince de las asesinadas este año habían pasado por estos juicios. Lo segundo que contaba Edurne es también preocupante. La ley establece que se deben poner en marcha las Unidades de valoración integral forense, compuestas por médicos, psicólogos y asistentes sociales, para averiguar la verdad, ayudar al juez en sus decisiones y atender a las victimas. Siete en toda España. Ante esta falta de especialistas, los maltratos sin marca física quedan sin demostrar. Un 43% de los juicios quedaron en absolución del agresor, que en un 12% de esas absoluciones, al final mato. Se lo decía a Mara Ana María Pérez del Campo, vocal del Observatorio contra la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial, el sistema permite que se cumpla lo que profetiza el agresor “nadie te va a creer”.




Eso es informar y formar conciencia sobre nuestros problemas. Eso es ayudar a desentrañar la telaraña que atrapa a la mujer en estos casos. Y eso hacia el jueves Mara Torres y su equipo, mientras las demás cadenas reproducían los insulsos discursos de consejeros, alcaldes y ministras, dedicados a sacar tarjetas rojas, soplar globitos y encender velas por toda España, mientras en algún rincón del país, varias mujeres eran molidas a palos y algún juez despedía con una sonrisa a un matón de familia.




Noticias como el reconocimiento a Ahige, una asociación de hombres comprometidos, que pretenden ayudar a otros a frenar su violencia y su machismo y a colaborar, como una mancha de aceite contra este mal. O como la exposición y talleres de Pamela Palenciano, en el IAM de Sevilla, que cuenta a las mujeres como son las fases que las arrastran al abismo, a veces envuelto en amor y cariño, como el de Judas. Para que viéndose en el espejo, sepan decir basta al odio y adiós al engaño.




Pero como no hay mejor crítica que aquella que empieza por uno mismo, y no hay mejor primer paso, que el que empieza uno mismo, dando ejemplo y contribuyendo al cambio, Mara se ha puesto esta semana en manos de Women´s link worldwide, para analizar como es el compromiso que su equipo pregona tiene sobre la igualdad y la justicia. Muchos parabienes han salido de esta prestigiosa organización internacional femenina de lucha contra la discriminación de género, y algunas recomendaciones.




El estudio del equipo dirigido por Viviana Waisman, ha desvelado un lenguaje no consciente, pero muy dañino que, lleno de estereotipos, alimenta, en mentes enfermas, eso que se ha llamado el odio machista, prejuicios y roles sistemáticos. Un lenguaje sostenido en imágenes niños varones explotados para obtener coltán en las minas, mientras las imágenes que ilustran el uso de los móviles que provocan esa explotación son de mujeres. O imágenes de hombres rudos trabajando en obras, fabricas y calles, cuando se habla en televisión del déficit del estado y los problemas laborales, mientras que las protagonistas son las mujeres comprando irreflexivamente, en alguno centro comercial, cuando de consumo, despilfarro y costes ambientales se trata.




Frente al silencio de todos, haciendo oídos sordos a esas pequeñas cosas que construyen los grandes dramas, como el lenguaje, los gestos o las actitudes cotidianas, Mara impulsó el análisis de su comportamiento, y el espíritu de enmienda. Pocas vidas va a salvar, de la muerte o de la indignidad, la nueva ley que quita a un padre la custodia de sus hijos cuando hay sospecha. Un toque tangencial a un problema más serio, como han dicho las propias asociaciones de jueces. Algo más profundo y fructífero eso que hace Mara, y otros periodistas de verdad. Mirar la vida de frente, verla en profundidad, y afrontarla sin miedo.



Si esta semana se ha rebelado contra la censura, que no es más que el silencio de una verdad, como la de las mujeres asesinadas por serlo. Esa es su rebeldía.



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