martes, 3 de febrero de 2026

100 años de Alhucemas


La bahía de Alhucemas amanecía el 8 de septiembre de 1925 envuelta en brumas que anticipaban la envergadura de lo que estaba por suceder. Cerca de 13 000 soldados españoles, transportados desde Ceuta y Melilla, aguardaban su turno para desembarcar desde barcazas type K en una operación sin precedentes. Esta gesta militar marcaría un hito en la historia de la guerra moderna: el
 Desembarco de Alhucemas.

Las causas que hicieron necesario este desembarco fueron profundas. Tras el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923, el nuevo régimen debía revertir la humillación del Desastre de Annual (1921), que no solo había debilitado el control colonial, sino también la moral del Ejército y del país. La incursión de Abd el-Krim sobre territorio francés en 1925 quebró el delicado equilibrio colonial y provocó un giro estratégico: Francia y España dejaron atrás rivalidades para coordinar esfuerzos. La Conferencia de Madrid, en junio, esculpió el acuerdo definitivo: ejecutar un desembarco anfibio en la bahía de Alhucemas.

La madrugada del día señalado se desplegó una maquinaria militar impecable. Las fuerzas de tierra, mar y aire operaban bajo un mando unificado: Primo de Rivera dirigía la operación desde lo alto, mientras que el general José Sanjurjo comandaba la caballería del desembarco, con Francisco Franco liderando una columna en la Legión.

El Dédalo I, convertido en portaaeronaves improvisado, desplegó hidroaviones y dirigibles que lanzaron su ferocidad bélica sobre posiciones rifeñas por primera vez en la historia militar española, arrasando defensas y despejando el terreno para las tropas que avanzaban por la arena.

Cuando las barcazas se acercaron a la orilla, una lluvia de fuego naval y aéreo se desató. La Legión, los regulares y tabores avanzaron por pendientes escarpadas y playas minadas, batiendo resolutamente a la resistencia rifeña. En un momento memorable recogido por Francisco Franco en crónicas personales: “¡Nos hemos apoderado de la primera obra defensiva del enemigo!”. En pocas horas, posiciones estratégicas como Morro Nuevo y Los Frailes cayeron, el avance fue imparable, y se estableció una cabeza de puente decisiva.

Los efectos fueron inmediatos. La ofensiva puso fin a la guerra del Rif, desencadenando la rendición de Abd el-Krim en mayo de 1926. Políticamente, fortaleció al régimen autoritario e impulsó la carrera de sus generales más leales, especialmente Franco. Más allá del territorio, el desembarco se convirtió en referente militar: una operación anfibia moderna, compleja, exitosa, antecedente directo de futuros despliegues como el Día D en Normandía.

Hoy, cien años después, el recuerdo de Alhucemas persiste como símbolo de audacia, coordinación y renovación tecnológica en el campo militar. Fue un hito operático, un punto de inflexión político y un legado doctrinal que marcó el rumbo del siglo XX. La bahía que vio nacer esta gesta sigue evocando aquel amanecer cargado de historia, valentía y destino.

El escenario estaba marcado por uno de los peores reveses militares españoles: el Desastre de Annual (1921), que costó miles de vidas, debilitó el control colonial y simbolizó el fracaso del antiguo sistema político. Este desastre propició el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, quien se propuso revertir la situación en Marruecos. La invasión rifeña de territorios franceses en primavera de 1925 motivó la cooperación entre Francia y España, sellada en la conferencia de Madrid de junio, lo que permitió planear una operación conjunta.

Así, el desembarco fue el resultado de una estrategia milenaria: desde 1921 se había contemplado varias veces una acción en Alhucemas (febrero y agosto de 1922, julio de 1923), pero solo en septiembre de 1925 se dio el marco político-militar para ejecutarla. El éxito del desembarco fue rotundo. Constituyó un punto de inflexión en la guerra del Rif y allanó el camino hacia la capitulación de Abd el-Krim en mayo de 1926. También consolidó al régimen de Primo de Rivera y catapultó a figuras militares como Franco, cuyo ascenso a brigadier fue directo tras la operación.

Desde un punto de vista doctrinal, Alhucemas sentó las bases de la guerra anfibia moderna: su planificación, coordinación cubrió tierra, mar y aire de modo integrado, prefigurando acciones como el desembarco de Normandía en 1944. Históricamente ha sido valorado como “el ‘D-Day’ de España”.

En el ámbito tecnológico, la participación del Dédalo I fue emblemática: convertido en portaaeronaves improvisado, proporcionó apoyo aéreo esencial, lanzando cerca de 200 bombas desde aeronaves desplegadas desde su cubierta.

El desembarco también contribuyó a reforzar la doctrina militar española, consolidar una narrativa de modernización y eficacia en medio de una crisis política, y proporcionó un símbolo de eficiencia armada que el régimen supo enfatizar



Fuentes consultadas:

Imagen InfoDefensa

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