
Hay veces que los ayuntamientos parecen hiperactivos. Les da por idear planes y allá van. Esta vez el de Santander no ha puesto su mirada en los atascos, en los solares abandonados llenos de ratas, en las casas de la puebla vieja medio desahuciadas o en la falta de servicios de algunos barrios. No. Lo ha puesto en las ferias. Santander, uno de los lugares más cutres de España a la hora de celebrar sus fiestas patronales, y con menos idea del espectáculo colectivo (habría que tomar nota de algunas ideas de Torrelavega, y del ingenio de Luís Herreros), ha decidido desde hace algún tiempo dar la vuelta a la tortilla y hacer de la ciudad un gran parque de atracciones.

