jueves, 12 de marzo de 2026

La última sombra de Pertur


En la madrugada del 23 de julio de 1976, Eduardo Moreno Bergaretxe, más conocido como Pertur, se desvaneció en el silencio opaco de la frontera franco-española. Tenía 28 años, una mirada severa y una convicción que comenzaba a incomodar a muchos dentro de su propia organización: ETA. Ese día había salido del pequeño apartamento donde vivía en San Juan de Luz, al sur de Francia, rumbo a Bayona. Nunca volvió.

El verano de 1976 era una estación densa de incertidumbre. Franco había muerto siete meses antes, y el aparato del franquismo, aún sin desmantelar, convivía incómodamente con la promesa de una democracia en gestación. Para muchos, el momento pedía audacia, adaptación, incluso reconciliación. Pero para otros, era simplemente una pausa, una maniobra del régimen para perpetuarse bajo otra máscara. ETA vivía esa tensión con una intensidad peligrosa.

Pertur era uno de los rostros más visibles de ETA político-militar, una de las dos ramas en las que se había dividido la organización tras años de lucha clandestina contra el franquismo. Mientras ETA militar apostaba por mantener la vía armada como forma principal de acción, Pertur y los suyos creían que el contexto había cambiado. La transición a la democracia, aunque imperfecta y tutelada por los viejos poderes, abría un espacio para la lucha política sin violencia. Pertur hablaba de una izquierda abertzale que se implicara en la política legal, que conquistara espacios en los ayuntamientos, en los sindicatos, en la sociedad.

Pero esa visión no era compartida por todos. En el seno de ETA, su figura era vista por algunos como un traidor, un reformista, incluso un obstáculo. Su insistencia en dejar atrás la violencia lo ponía en un lugar incómodo: entre el enemigo externo del Estado español y los enemigos internos que se gestaban en las propias entrañas del movimiento.

Los últimos días de Pertur fueron inquietantes. Sabía que estaba vigilado. Sabía, incluso, que dentro de su organización había quienes hablaban de él con sospecha. Pero también creía, ingenuamente tal vez, que el debate político era posible. Había viajado a Bayona para reunirse con otros dirigentes y resolver tensiones internas. Algunos afirman que acudió a una cita con miembros de ETA militar. Otros, que pretendía preparar su vuelta a España para participar en el debate público que comenzaba a emerger tras la legalización de partidos y sindicatos.

Nunca llegó a esa reunión. Nunca regresó. Su coche fue hallado abandonado, sin señales de lucha ni pistas claras. La policía francesa no investigó a fondo. El Estado español miró hacia otro lado. Y ETA, oficialmente, guardó silencio.

Las versiones sobre su desaparición se multiplicaron con los años. Algunos apuntaron a los servicios secretos españoles, que habrían querido eliminar a un dirigente peligroso por su capacidad de reorganizar ETA hacia formas más efectivas de lucha política. Otros señalaron a los GAL, los grupos parapoliciales que comenzaban a actuar en la sombra. Pero la hipótesis más dolorosa —y para muchos, la más probable— fue la de una ejecución interna. Un ajuste de cuentas dentro de ETA, una forma brutal de resolver la disidencia.

La desaparición de Pertur marcó un punto de inflexión. Su figura se convirtió en un símbolo de la fractura interna de ETA. Mientras la democracia española intentaba avanzar, con vacilaciones y amenazas, ETA militar optaba por endurecer su estrategia. La violencia se recrudeció en los años siguientes: atentados, asesinatos, secuestros. La vía política que Pertur había defendido quedó relegada durante un tiempo, aunque más tarde sería recuperada por sectores de la izquierda abertzale que, décadas después, terminarían condenando la violencia.

Hoy, casi cinco décadas después, el paradero de Pertur sigue siendo un misterio. No hay tumba, no hay cuerpo, no hay verdad oficial. Sólo quedan documentos, rumores y un silencio espeso que envuelve su nombre. Pero también hay una memoria. La de quienes vieron en él a un dirigente lúcido que intuyó el fin de una era y quiso construir una alternativa. La de quienes todavía exigen saber qué ocurrió realmente aquella noche de julio.

En el laberinto de la transición española, entre el eco de las armas y los primeros pasos democráticos, Pertur desapareció. Pero su ausencia sigue hablando.


Fuentes consultadas:

  • El País. (2007). 30 años sin Pertur: el enigma sin resolver. Disponible en: https://elpais.com
  • Egaña, Iñaki. Pertur. Un caso sin resolver. Editorial Txalaparta, 2007.
  • La Vanguardia. (2021). La desaparición de Pertur: una muerte en la sombra de ETA.
  • Canal Historia / RTVE. Documental: ETA, el final del silencio (2020).
  • Preston, Paul. El final de la guerra: ETA, transición y democracia. Debate, 2011.
  • Zulaika, Joseba. Basque Violence: Metaphor and Sacrament. University of Nevada Press, 1988.

Imagen Onda Vasca

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