miércoles, 21 de diciembre de 2016

10 años de dependencia

Esta semana el Partido Socialista ha celebrado el aniversario de la puesta en marcha (es un decir) de la ley de dependencia de Zapatero.


Un acto que debería haber reivindicado uno de los grandes logros de nuestra democracia y la crisis, la desidia de algunas administraciones y la falta de sensibilidad de algunos ha convertido en lo que veis en la foto. Un juego del escondite de la administración.


La Ley de Dependencia es una ley que nació para convertirse en el cuarto pilar de lo que entendemos por estado de bienestar, sumándose a la educación (obligatoria y gratuita), la sanidad universal y el sistema de pensiones (el cual se hizo también universal al incluirse las pensiones no contributivas).


La Ley de Dependencia llegaba para cubrir, en parte, las necesidades de mucha gente que dependía de los planes de ayuda anuales y de los servicios sociales de cada comunidad y ayuntamiento. Esta ley unificaba los criterios y los derechos adquiridos, tanto para los que la necesitan ahora como para todos, porque al final cualquiera podrá ser beneficiario, pues de alguna forma todos seremos dependientes en un futuro.



Para que me cuente su visión y experiencia sobre esta ley, me he puesto en contacto con Mª Ángeles, quien ha sido beneficiaria casi desde sus inicios, ya que ha tenido la suerte de vivir en Cantabria, una de las primeras comunidades que la puso en marcha. No así en otras, por ejemplo la Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana, en la que se ha desarrollado muy lentamente.


A ella esta ley le permite superar las dificultades que la suponían vivir independiente, a través de la ayuda económica con la que puede pagar a una persona, así como a otros les ayuda a tener una vida activa de trabajo o estudios, ya que les ayuda a sufragar el gasto para acompañamiento a las clases o centro laboral.


He hablado también con Ana, cuyas necesidades eran muy diferentes. A ella la ley le ha dado libertad para poder contratar a una persona para que cuide de su suegra enferma durante unas horas, y así descansar de los cuidados constantes que ésta requería.


De todas maneras, también es una ley que ha originado muchas frustraciones, al no cumplir las expectativas creadas, porque al ser su desarrollo a largo plazo, va por prioridades. Sin embargo, una ley como esta, que aunque sea de manera lenta, ofrece tantas ventajas, me parece increíble que se encuentre con tantos tropiezos en su desarrollo.


Y es que, como siempre ha sucedido con todos los cambios, a la sociedad le cuesta eliminar las barreras mentales. Todo el mundo sabe que es necesario, pero a la parece que cuesta mucho asimilar los cambios. Referente a esto Mª Ángeles comenta lo difícil que era para ella hace pocos años utilizar cualquier servicio público, lo lento que ha sido eliminar las barreras arquitectónicas y adaptar el transporte público. Sabe que todos estos cambios son muy lentos, pero que al final se consigue. Ella misma recuerda lo que suponía hacer un simple viaje en tren hace algunos años, y cómo es hoy en día; o el transporte urbano de Santander, el cual es un modelo para otras ciudades; o las aceras, en las cuales ya es natural ver rampas; o los aparcamientos, que ahora tienen plazas reservadas para minusválidos. Todo esto que llegó tras una lucha de muchos años, ahora se ve como algo normal por el resto de la sociedad. La ley de Dependencia supone la misma revolución.


Mª Ángeles cuenta también con el servicio de teleasistencia, el cual es un perfecto complemento a las ayudas a la dependencia, ya que le garantiza que en cualquier momento del día, si la ocurre alguna cosa, sólo tiene que pulsar un botón que lleva colgado del cuello y será rápidamente atendida. Esto la da tranquilidad, pues sabe que puede contar con ayuda en cualquier caso.


Ella cuenta que todos estos logros eran tan utópicos como ahora puede sonar la Ley de Dependencia. Por eso confía plenamente en esta ley, aunque escuche muchas críticas, pues su experiencia la dice que los buenos cambios son muy lentos. Y esta ley será un gran cambio que se conseguirá muy paulatinamente, porque al final se conseguirá. Quizás si la gente se parara a pensar que en un futuro todos seremos usuarios y beneficiarios de la ley, todo sería más fácil.



Imagen El País

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