Nadie puede
nunca saber cuales serán las palabras que nos regale Ida Vitale (Montevideo,
Uruguay, 1923), por más que siempre sea previsible su contenido, un homenaje a
la erudición, al saber, al sentimiento, a la vida y a la cultura que une a
tantas naciones. Y eso, envuelto en una tímida espontaneidad y una humildad de
la que todos deberíamos aprender, es lo que mostró esta mujer de apariencia frágil,
mirada cautivadora y esencia de hierro en la entrega de los premios Cervantes,
que este año ha reconocido (y ya era hora) los méritos de esta poetisa
esencialista de la generación del 45 y una de las mejores voces de la poesía en
castellano.