Ayer me emocioné. En la calle, rodeada de gente feliz, orgullosa de pertenecer a una sociedad que de forma colectiva había alcanzado un pequeño éxito, un éxito común, algo que nos unía. Yo miraba a mi alrededor y veía a gente tan diversa, y tan unida por algo común, que sentí una gran emoción. Si, ya se, es solo un juego, 22 chavales corriendo en pantalón corto, pegándole patadas a una pelota. Y si, la victoria de ayer de España no cambiará mi vida, no acabaré mis estudios gracias a ellos, ni comeré mejor, ni hará que mi vecino envejecido cobre por fin la dependencia, ni arreglará los baches en mi calle, ni que devuelva el dinero quién nos lo ha robado, ni que se reduzca la lista de espera de mi madre en la seguridad social.




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