Una de mis fascinaciones más pertinaces es la que me aqueja por los que me gusta llamar “los hombres del Atlántico”. Uno de mis compañeros más queridos es un filósofo docente cuya vida arrancó del encuentro de muchos fragmentos de España. La que vive allende el mar, la que el odio periódicamente cercena y la de los que fueron obligados a buscar su destino fuera del hogar, incapaces de crear un hogar común que los acoja.














