Desde finales de septiembre de 2025, Marruecos vive una ola de protestas inédita en años recientes, liderada mayoritariamente por jóvenes agrupados bajo nombres como GenZ 212 y Morocco Youth Voice. Las manifestaciones se han extendido por decenas de ciudades —Casablanca, Rabat, Agadir, Oujda—, con demandas centradas en la mejora de los servicios públicos, sobre todo sanidad y educación, contra la corrupción, por empleo digno, y en fin por dignidad social.
El detonante más visible fue un caso que conmocionó al país: la muerte de ocho mujeres en Agadir durante cesáreas en un hospital público con deficiencias graves.
Esa tragedia funcionó como catalizador que permitió canalizar frustraciones acumuladas por años: desempleo juvenil elevado (más del 35 % en algunos rangos etarios), deficiencias en educación y sanidad, desigualdad territorial y social, y una sensación de que las autoridades invierten mucho en imagen internacional (estadios, infraestructura para eventos deportivos, etc.) mientras los servicios básicos se deterioran. L
Los jóvenes se han organizado de forma descentralizada, usando redes sociales (TikTok, Discord, Instagram) tanto para coordinar manifestaciones como para difundir su malestar. También han sido muy cuidadosos de no cruzar lo que se considera “líneas rojas” respecto al rey Mohammed VI: los lemas suelen reclamar reforma del gobierno, destitución de ministros, mejor servicio público, pero no cuestionan directamente la institución monárquica.
Para Marruecos, cuya monarquía ha sido tradicionalmente el eje de estabilidad política, social y religiosa, estas protestas constituyen un desafío serio. No porque parezca inminente un cambio de régimen, sino porque erosionan la legitimidad de quienes gobiernan al exponer que buena parte de la población joven ya no confía en las promesas de modernización y redistribución social.
El rey Mohammed VI ha construido su legitimidad desde los años 90 en parte mediante reformas que prometían desarrollo, infraestructuras modernas, apertura económica, y manteniendo un discurso de “renovación”, al mismo tiempo que se preservaba el poder central. Las protestas actuales ponen en evidencia que muchos jóvenes sienten que ese modelo deja atrás a más de la mitad del país: los que no ven avances en hospitales, escuelas, empleo.
Además, la monarquía debe mantener un delicado balance entre mantener autoridad, permitir algo de apertura política (diálogo, reformas limitadas) y evitar que el descontento derive en crisis mayores que podrían salir de su control, como ocurrió en la Primavera Árabe. En ese sentido, las protestas GenZ 212 actúan como termómetro interno: si dejan de escucharse, podrían escalar; si se reprimen demasiado, generar resentimientos que duren más allá de las protestas actuales.
Estas movilizaciones evocan ecos poderosos de la Primavera Árabe de 2011, cuando millones en Túnez, Egipto, Libia, Siria, Marruecos mismo reclamaron dignidad, empleo, participación política. En Marruecos ese movimiento llevó al rey Mohammed VI a aprobar una nueva constitución, prometer descentralización, reformas, aunque muchos críticos dicen que los cambios fueron limitados. WLas protestas actuales recogen esa misma expectativa de justicia social mezclada con sentimiento de decepción frente al statu quo.
El tema de Palestina entra en este contexto como parte de la narrativa pública marroquí: Marruecos ha mantenido históricamente un apoyo muy simbólico y diplomático a la causa palestina, algo que alimenta la legitimidad moral de la monarquía. Los Pactos de Abraham, que incluyeron la normalización de relaciones con Israel, incluyendo a Marruecos en 2020, han sido controvertidos internamente: aunque Rabat defiende que la relación con Israel no supone renuncia a la solidaridad con Palestina, muchos ven la normalización como ambigua, o incluso contradictoria con los ideales de justicia internacional que históricamente han sumado al prestigio del reino. M
Este entrelazado significa que los jóvenes pueden usar la causa palestina como parte de su crítica moral más amplia: no parece que la defensa de Palestina sea el núcleo de sus protestas actuales, pero sí un referente simbólico que resuena con demandas de coherencia ética, lucha contra la injusticia, oposición a hipocresías en política exterior e interior.
Las protestas de GenZ 212 no parecen querer derrocar al rey, pero sí obligan a la monarquía a mostrar que puede adaptarse. Si Marruecos no responde con reformas tangibles —mejoras en salud, educación, empleo, combate real a la corrupción—, corre el riesgo de perder legitimidad. En ese sentido, la monarquía está en una especie de transición forzada: no por imposición externa, sino por presión interna de una juventud digital, consciente, globalizada.
En definitiva, las protestas son mucho más que un estallido social: son una advertencia. Si la monarquía logra reconectarse con los jóvenes abandonados, puede sobrevivir con autoridad renovada. Si no, podría enfrentar fisuras más profundas. Y en ese juego, la causa palestina, los Pactos de Abraham y el espectro de la Primavera Árabe no son meros decorados históricos, sino partes del marco simbólico con el que estos jóvenes miden la coherencia y justicia de sus gobernantes.
Fuentes
- Reuters: Youth-led unrest exposes cracks in Morocco’s economic model. Reuters
- AP News: Gen Z protests are shaking Morocco. AP News
- Al Jazeera: Gen Z protesters rally across Morocco demanding health, education reforms. Al Jazeera
- Morocco World News: Morocco’s Youth Collective GenZ212 Defies Arrests, Pledges More Protests. Morocco World News
- Various analyses sobre la posición de Marruecos respecto a Palestina y los Abraham Accords.

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