A Nicolás Maquiavelo le debemos los humanos, sin duda, una de las mayores distorsiones de nuestra vida en común. Este ingenioso y culto político describió, como nadie, los entresijos del poder ya en el siglo XV. Un poder que va por libre, que tiene su propia dinámica, su propia lógica, sus propios intereses y solo una cosa común con el pueblo, le necesita de vez en cuando, para, vía papeleta, justificar que hace ahí encaramado, en lo alto de eso que llamamos cosa publica, y que hay veces que es lo más particular que uno puede imaginarse. Sin duda, una de las grandes invenciones de este sujeto vino a ser la razón de estado.