Esta semana me ha dejado pensado un comentario de que dejaba patente la desconfianza de muchos españoles hacia el periodismo y la justicia. Un estudio reciente del Instituto Reuters for the Study of Journalism mostraba que solo el 33% de los españoles se fían de la información que reciben, mientras un 57% recelan abiertamente de la información que consumen. Pero la consumen. Una parte del problema está en las herramientas que usamos para informarnos.
El estudio de audiencias del CIS y el Digital News Report
del Instituto Reuters revelan que el 70% de los españoles se informan a
través de la televisión, pero el 91% de ellos solo a través de una televisión.
Entre el 55% y el 65% de los españoles se informan, además o solo, a través de
redes sociales, webs, periódicos digitales o videos de streaming, los medios,
según la UNESCO, menos fiables y más vulnerables en sus fuentes, medios que,
además, sobreviven gracias a sus clicks, por lo que necesitan publicar
continuamente y con informaciones muy llamativas que van más a las emociones, que
a la razón. Medios, además, que viven de patrocinios (que no es lo mismo que
publicidad). Todo eso sin perder de vista que muchos medios de todo tipo están
condicionados porque necesitan, económicamente, la publicidad institucional.
Solo un 15% de los españoles se informan a través de la prensa escrita
tradicional, y un 25% de las radios tradicionales. Los medios, según UNESCO,
más fiables y contrastados. Con eso y con todo, los medios, como las personas
tienen eso que se llama “sesgo ideológico”, por lo que nadie en su sano juicio debería
informarse solo de Libertad Digital, OkDiario, Horizonte, Malas Lenguas o el
debate de El Hormiguero. Pero los hay, y eso no es informarse, es masoquismo.
También os diré, ir a la fuente no sirve, porque, por ejemplo, los portales de
transparencia de los ministerios o están desactualizados o hechos a medias.
¿Eso nos condena a vivir a ciegas? No. Mi padre, que pasaba
el día dando consejos, nos insistía a mis hermanos y a mí, en la necesidad de
leer, de estar informados, pero de varios sitios. El sacaba tiempo cada día
para ver dos telediarios, escuchar la radio mientras ayudaba a mi madre a hacer
la cena, y leer cada día algún periódico. Hoy, mi profesora de Análisis
económico me exige demostrar en mis trabajos que me leído, al menos 10 fuentes,
y no hay quien la engañe. ¿Qué eso lleva tiempo? Pues si, pero vivimos en una
sociedad democrática y tenemos obligaciones. No podemos delegar todo en unos
partidos llenos de inercias e intereses para que nos den ya digerido el soma
que contaba Orwell, porque eso nos reduce al papel de palmeros. Sin opinión
crítica, sin cuestionamiento permanente de todo no hay democracia. Lo podemos
entender o no, pero eso es así. Y eso implica el debate, la conversación
sosegada, el informarte de varias fuentes, sin prejuicios, escuchar a todos y
verificar (en España hay verificadores muy buenos, como Maldita.es , Newtral o
EFE verifica).
Lo que no podemos es tener entornos curados, como decía
Maxwell. Leo lo que me interesa y me informo a través de quien piensa como yo.
Lo de los jueces es harina de otro costal. En el siglo pasado, un vicepresidente socialista, Alfonso Guerra, ya dijo aquello de “Montesquieu ha muerto”. Era el años 1985, era presidente Felipe González, y se acababa de aprobar por el gobierno la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, por la cual el Parlamento pasaba a designar a los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). De forma burlona, Guerra daba por sentado que la imprescindible separación de poderes en España había quedado superada ante el control del poder político, que ahora podía nombrar a los jueces del Tribunal Constitucional y a los vocales de CGPJ. Unos años después, Pedro Sánchez hizo en la radio su famosa pregunta retórica de “¿Y quién nombra al fiscal general del estado?, pues eso” Desde entonces ya sabemos que cuando hay nombramientos de jueces y vocales, los candidatos acuden a Madrid a cortejar a los partidos. Como dice José María Marco “Pesebreros”. ¿Eso incluye a todos? No. En España hay miles de jueces y fiscales que hacen muy bien su trabajo, son honrados y confiables, miles, pero la cúpula judicial es política, porque el sistema de elección impide que sea de otra manera.
De nosotros depende
cambiarlo. ¿Por qué esto es una democracia verdad?

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