
Soy socialista. He crecido entre las paredes de un hogar obrero, y bajo la palabra sincera de un padre y una madre que nunca me han inculcado revancha por vivir una vida alejada de los favores que el destino ha deparado a otros. He crecido amparada en el valor de la generosidad, en la esperanza de un mundo vivido en plural, y casi sin primera persona. Me he sentado en estos años, aunque sea en cuclillas, tras los muros protectores de unos ideales que me hacían sentir orgullosa de los míos, y del futuro que entre todos y para todos, tenemos pendiente construir. Un futuro limpio, justo e igualitario, donde el más débil cubre siempre su herida con mi espalda. Eso es ser socialista













