
Que manía tienen los hombres con hacer todo lo humanamente posible por no llorar, con lo que eso alivia el trabajo de la vejiga. Es atávico, no se si es por querer demostrar públicamente su autocontrol y fortaleza o si es una manera de no dar a entender la rabia que se exalta cuando la pata ya esta dentro y sacarla es más difícil que asumir la culpa. Siempre me ha parecido fascinante la cantidad de matices y revelaciones que esconde un rostro masculino embrutecido por el esfuerzo de retener dolorosamente ese esfínter que Dios nos ha puesto en cada ojo, como un faro inexcusable de nuestro dolor, nuestra indignación o nuestra pena. Y si tantos motivos esconde una sencilla gota salada deslizada por una mejilla, quien sabe cuanto esconde ese mar contenido, en el rostro de Alberto.













