miércoles, 11 de enero de 2017

La palabra perseguida

Si os digo que Charlie Hebdo es una revista satírica francesa que fue atacada hace dos años por un comando islamista, os quedaréis como yo,  horrorizados, aunque quizá penséis que eso ya es solo historia, aunque sea un episodio de historia sangrienta que se sigue repitiendo.


Pero si os digo que estamos hablando de un medio de prensa defensor de la libertad, que ha sido atacado también, en los últimos años, por nosotros mismos, por los que formamos la sociedad libre de Europa, seguro que os quedáis desconcertados, máxime en días tan inciertos como estos, en los que no se sabe detrás de que esquina se esconden los enemigos de la libertad.


Charlie Hebdo no es en realidad una persona, no al menos del todo, sino un medio de prensa, satírico, crítico e irreverente, al modo de lo que puede ser en España “el Jueves” o “Mongolia”.


Su historia ha sido errante en estos años, siendo la publicación actual, de inspiración libertaria y provocadora, heredera de la antigua publicación francesa Hara-Kiri, un autentico látigo contra el poder y los partidos (sobre todo los de derechas, pero no solo) y adalid de los valores republicanos, pero que sucumbió a la persecución del gobierno, y se transformó en el semanario actual, huyendo de los cierres.


Los periodistas y dibujantes que están detrás de Hebdo están especializados en la defensa de las libertades individuales y colectivas, la libertad de expresión y el cuestionamiento de todo, incluso de ellos mismos, por lo que no es infrecuente la incoherencia editorial y las puyas entre sus redactores, cosas del libre pensamiento.


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Seguro que recordareis mejor su existencia si os digo que cuando en 2006, el semanario danés Jyllands-Posten publicó las famosas caricaturas que criticaban a Mahoma, y que llevaron a la dimisión al director de Libération), Charlie Hebdo fue el único medio que se atrevió a publicar un manifiesto de doce intelectuales como Salman Rushdie o Bernard-Henri Lévy a favor de la libertad de expresión y en contra de la autocensura, y uno de los pocos que se atrevió a republicar las caricaturas. Aquello le costó al entonces director de la revista, Philippe Val, un juicio y algunos disgustos.


La revista, refundada en 1992, ha vivido en los últimos años muchas vicisitudes, pérdida de identidad ideológica, hasta caer casi en la neutralidad, luchas intestinas entre sus dibujantes y redactores más históricos, y un modelo de financiación poco claro que ha pasado desde la renuncia a la publicidad, hasta extravagancias como el uso de vagabundos como vendedores.


Hoy el Charlie Hebdo de Philippe Val es más dependiente de la inspiración de sus talentos que de una base ideológica firme. Pero sigue tan corrosivo y oportunista como siempre.


Tanto que el 2 de noviembre de 2011 les quemaron la redacción, vía coctel molotov. Al semanario parisino no se le ocurrió otra cosa que criticar con saña el ascenso islamista en las elecciones de Túnez y el dudoso pedigrí democrático de los nuevos amos de Libia. Y todo ello con una caricatura de Mahoma en portada.


La presión de los lobbies islamistas y el típico miedo europeo a no ofender llevaron a una campaña preventiva de los poderes constituidos para tapar la boca a los humoristas, todo sea que tanta crítica cause un problema diplomático con las minorías en Europa, o con las mayorías en el Magreb, según como se mire. Seguro que si la caricatura hubiese sido del Papa la cosa le habría resultado a alguno hasta graciosa, pero claro, siendo ….


El ataque contra Charlei Hebdo por los occidentales fue tan intenso que Facebook, otro bienqueda, puso en marcha su maquinaría para cerrar la página de la revista en su red. Pero cerrar un medio de comunicación por expresarse libremente no queda bien, así que los caralibro usaron el viejo argumento de incumplir las normas. Y es que Charlie Hebdo “no es una auténtica persona”, ha dicho la red social (cosa que ocurre con la mitad de las páginas de la red, incluidos nosotros), lo cual, parece ser, va en contra de las reglas de la red social.


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Según denunció en su momento Reporteros sin Fronteras RSF, y difundó, France-Press, la actitud de facebook resultó poco menos que surrealista en su intentó por acallar a la revista y no enemistarse con su creciente mercado musulmán. Los de la red azul adujeron, además, que habían decidido suprimir el contenido del semanario porque “El contenido infringe la declaración de los derechos y responsabilidades, al publicar contenidos gráficos sexualmente explícitos o con cuerpos demasiado desnudos, cosa prohibidas en Facebook”. ¿Demasiado desnudos?.


A estas alturas del artículo, ya os habréis dado cuenta que no tiene nada que ver la referencia a imágenes de “cuerpos desnudos” o similares, y el contenido de los números de Charlie Hebdo.


La red no se atrevió a borrar el perfil de Charlie Hebdo, pero bloqueó la página, de manera que hacía imposible ponerse en contacto con sus responsables, los cuales tampoco podían actualizar el perfil, introducir contenidos o contestar a los cientos de comentarios intimidatorios que llegaban cada día a su muro en francés y árabe.


Y no es que esta situación nos deba coger por sorpresa. Facebook, a instancias del gobierno chino, ya cerró hace tiempo la cuenta del disidente Jing Zhao (Michael Anti), o la del grupo We are Khaled Said, en Egipto, también porque el perfil no coincidía con una persona real. Claro que si es un disidente perseguido, camuflarse tiene sentido.


Por supuesto que, menudo son, los periodistas y dibujantes de Charlie Hebdo llegaron entonces a abrir un blog en el gestor libre WordPress y una cuenta en twitter para mantenerse en contacto con sus lectores y consiguieron organizarse para sacar nuevos números en papel, gracias a que el diario Libération les cedió unos locales en París.


Al final superaron aquel bache, consiguieron nuevos locales y sus dibujantes siguieron pensando en modo libre (eso si, rodeados de guardaespaldas. Pero el caso no es ese, ni tan siquiera que en estos tiempos el director de la revista, y todos sus periodistas estén bajo protección policial. Hemos confiado en internet como una puerta abierta a la libertad de expresión, a nuestra capacidad de compartir y de movilizar masas y revoluciones. Hemos confiado en que nuestros gobiernos y representantes representen nuestro anhelo por un mundo libre, crítico, solidario y comprometido con la razón y la justicia. Estamos intentando crear una sociedad nueva en base a nuestra capacidad para movilizar a las personas y hacerlas tomar conciencia de los problemas a través de las redes sociales. Y ahora resulta que estas deciden que debemos leer y escribir, que debemos sentir y a quien debemos criticar. Con el agravante de que tales redes son un oligopolio, básicamente son dos o tres.


Cuando aquella mañana tres canallas atacaron la revista asesinaron a un grupo de ciudadanos armados con un lápiz, un corazón y unas ideas. Debemos reaccionar contra quienes destruyen, matan  y siembran el miedo en un instante, y los demás días contra los que matan ideas calladamente, sin balas, solo con normas y leyes.


 

Imagen kianoushs.com

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