martes, 3 de enero de 2017

Los nietos de Al Capone

Esta mañana hemos sabido que Carlos Fabra, el dirigente del PP condenado por todas las corruptelas que podáis imaginar, consiguió, antes de entrar en la cárcel ser nombrado secretario general de la Cámara de Comercio de Castellón, cobrar un sueldo de élite, 60.000 € por no se que y 300.000 de indemnización al dejar su puesto para entrar en la cárcel.


No se porque, pero ha sido ver la noticia, y su foto y venirme a la mente la genial obra de Brian de Palma “Los intocables”, aquella maravilla de cine negro en la que Kevin Costner daba replica a un genial, como siempre, Sean Connery. No se si ha sido porque este hombre y su retrato son intocables, al menos eso se deduce de la impunidad de sus fechorías, o si habrá sido porque al final (en la película y en la ficción), al malvado Al Capone le pillaban y encarcelaban por llevar mal las cuentas, como a Fabra.


Bien es cierto, y vaya por delante, que la presunción de inocencia es una base irrenunciable de nuestra democracia, y en este caso, como en todos, debe seguirse a rajatabla. Pero como contaba un comentarista de Al Rojo Vivo en la Sexta, teniendo en cuenta la peculiar forma de elección de algunos niveles de la judicatura (por el Consejo General del Poder Judicial, a su vez elegido por los partidos), y la servidumbre política de algunas instancias judiciales, hoy en día, que un tribunal superior de comunidad autónoma, o incluso el constitucional, te den por inocente, ya no es garantía de nada. Máxime en un país donde la justicia y la pena ya no se impone, al menos solamente, en los tribunales, sino también en radios, periódicos y lugares de la red.


Pese a todo lo dicho, hay hechos y palabras que le condenan a uno sin necesidad de juez. Trajes y estereotipos a parte, el angelito de la foto no se han destacado en estos años por parecer la mujer del cesar, más bien, parece que no ha salido nunca de la calle de la Montera, salvo para hacer noche en la Casa de Campo. Manipulaciones vergonzantes de los medios de comunicación autonómicos, falta de transparencia en contrataciones, miles de niños dando clase en barracones, ante el retraso en la política de construcción de colegios, recortes presupuestarios en servicios sociales y sanitarios, fuerte obsolescencia de las infraestructuras autonómicas, uso comprobado de bienes públicos para uso particular, sobres costes documentados, infraestructuras innecesarias y hoy casi abandonadas, la tropelía que os contaba al principio y muy poca sensibilidad.


Y es que este señor que siempre ve el mundo ahumado tras sus gafas ha hecho en estos años gala de una insensibilidad, envidiada por el más frío martillo. Y tampoco hay que remontarse mucho, ni bucear en hemeroteca alguna. Simplemente escuchar la foto. Y volver a oír a este hombre, este que inauguró el aeropuerto de Castellón porque le apetecía, pese a no tener licencia de operatividad, no estar las obras terminadas, no tener depósitos de combustible y no tener vuelos, el otro, no tiene precio.


Se podría esperar de un hombre acusado por casi todos y de casi todo, un poco de discreción, un mucho de prudencia y un bastante de tacto, por aquello de no levantar más criticas hacia su persona, y no perjudicar más a su partido. Pero él no. Aun con su brillante historial, hace pocas fechas, en una de sus salidas de la cárcel tuvo el valor de hacer ironía (por llamarlo de alguna manera), sobre los cargos públicos y diputados del PP valenciano imputados en varias causas judiciales, explicándolo como una persecución política, e insinuando un ajuste de cuentas en el partido.


En realidad, los únicos que están perseguidos en este país son los ciudadanos y ciudadanos sin casa, sin trabajo y sin protección, desamparados por un estado famélico gracias a que representantes del pueblo como estos, le desangraron dilapidando el dinero en bancos manipulados y gastos inútiles. Frente a ello, al gobierno no se le ocurre otra cosa (es el chiste de la semana), de ofrecer una reducción del número de aforados que él no puede hacer, pues sería necesaria una reforma de la constitución que no desea, y la de 17 estatutos de autonomía, muchos de los cuales están fuera de su alcance.


Como decía hace unos días en su periódico Miguel Ángel Aguilar, lo que necesita este país para regenerarse es tener vergüenza, no hacen falta leyes para nombrar alcaldes ni reducción de aforados. Simplemente que cada partido quite de la circulación a los que ya son más que sospechosos.


Con todo, lo más incompresible de la foto es lo que no se ve, lo que esta enfrente, una masa de ciudadanos que ríen, aplauden, apoyan y votan las gracietas de gente como estos dos. Ese es un buen termómetro de a donde nos esta llevando la desesperación y el extremismo en esta crisis, al embrutecimiento social y tras ello, llegarán los radicalismos.


Imagen El Confidencial

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