miércoles, 18 de enero de 2017

El incendiario avance de la demagogia



Seguro que si Bugs Bunny escribiera en el Times habría titulado el articulo central de la semana con un “¿Que hay de nuevo Doc?”. Y es que la Dove Outreach Center, la iglesia Pentecostal del reverendo Terry Jones en Gainesville, Florida, ha vuelto a las portadas y promete ser uno de los grandes atractivos de la era Trump.


Y todo por que este apacible reverendo, pistola al cinto, ha movilizado a sus cincuenta feligreses para volver quemar un día de estos un número indeterminado de libros del Coran, al tiempo que monta un “Call Center” dedicado a llamar, uno por uno, a los musulmanes, transexuales, gays y progresistas provocadores.
El escándalo, en medio de las continuas protestas y desplantes a Trup y sus partidarios se ha suscitado por, a parte de ser un acto irreverente e indigno, temerse la reacción de movimientos islámicos que podrían iniciar represalias no solo contra el clérigo, sino contra las tropas e intereses americanos en medio mundo, justo cuando la situación militar en Irak y Siria es más impronosticable, y precisa más de la colaboración de la población civil, justo cuando el nuevo presidente hace gala de su vena anti mejicana y racista y justo cuando Washington esta más empeñado en iniciar una guerra comercial, al menos, contra todo lo que se menea.

De momento las amenazas del FBI y las llamadas a la calma del gobierno no han dado mucho fruto, por lo que el riesgo ha sido frenado por la negativa del departamento de bomberos de Gainesville a dar el permiso para hacer la hoguera, y de algunas compañías telefónicas que han decidido boicotear los spam intimidatorios.

En realidad Jones, un fanático exiguo de seguidores e irrelevante en el panorama social americano, no ha hecho más que avivar la histeria antimusulmana latente en Estados Unidos, alimentada por el 11S, las guerras asiáticas, la cizaña del lobby judío y la marginalidad de este colectivo en el país, según declaraba esta semana el líder islámico americano, Muhammad Musri. Una histeria latente que despierta, de día en día, aprovechada y alimentada por personajes como Trump o Le Pen, dispuestos a emplear la debilidad humana, en su propio beneficio.

En una país ensimismado en la libertad individual y de prensa, casar estos derechos con la libertad religiosa y los intereses gubernamentales se esta volviendo complicado en los últimos tiempos, como reconocía hace tiempo el fiscal general del Estado, Eric Holder.

No son raras estas situaciones en Estados Unidos, donde la tan manida libertad individual da paso, en ciclos muy cortos a personajes como este, que amparados en las leyes son capaces de poner en marcha procesos a veces extravagantes y muchas peligrosos. Poco se entiende, sin embargo, que este personaje, que tuvo que abandonar Alemania, su primer centro religioso, acosado por la comunidad turca que le acusaba de xenófobo, y por la policía, que le acusaba de ladrón, haya podido levantar de nuevo el negocio en una zona tan progresista de Florida. O que mantenga su iglesia abierta tras la salvaje y desvergonzada campaña que protagonizó en su día contra candidato a la alcaldía Arthur Lowe, y todo por ser homosexual.
Desde que su iglesia fuera fundada en 1986, y desde que el asumiera su liderazgo en 1996, parece que ha pasado tiempo para que las autoridades pudieran haber evitado esta peligrosa situación.
La obra de Jones, revela la delgada línea de defensa que una sociedad, defensora de la ley y la libertad, tiene ante personajes estrambóticos como este que, pese a ser minoritarios, pueden poner en peligro a toda la sociedad cuyas leyes les amparan.
También el escándalo Jones ha vuelto a poner sobre la mesa el desmedido poder de la prensa, capaz de poner en portada mundial a un loco de pueblo, que sin la colaboración de aquella nunca habría obtenido relevancia. De eso sabemos mucho los que tomamos a diario pequeñas iniciativas que, silenciadas por la prensa, nunca existen a los ojos de la sociedad.

Solo unos pocos han reaccionado ante las provocaciones del pastor. Pero en ocasiones no por una convicción moral. Ante una leve amenaza, Occidente se baja los pantalones, cede y se moviliza para pedir perdón por adelantado y no enojar al mundo islámico. Una reacción muy distinta que la que esas sociedades practican con los occidentales o con sus propios miembros. Y no vamos a recordar una vez más el caso de las mujeres pendientes de lapidación en Irán. Ni las críticas a Charlie Hebdo, ante del asesinato de la mitad de su reacción.
Y así camina Occidente, dando bandazos entre políticos demagogos que explotan las miserias del alma humana y hombres de buena fe, llenos de complejos, capaces de soportar cualquier cosa, con tal de no ofender a ideologías cuya sola actitud es una ofensa.
Y en medio Trump, y todos los que le seguirán ante nuestra pasividad.


Imagen Velt

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