lunes, 9 de mayo de 2016

Por ti, por todas



Todavía me acuerdo cuando nos sentábamos las dos embobadas, en aquella pequeña alfombra, en nuestro querido colegio, escuchando a Argentina y sus historias. Todavía recuerdo aquellos años de permanente descubrimiento, años en los que todo parecía infinito. Años en los que a cada vuelta del pasillo aparecía una aventura. Los tiempos de la callada admiración a los mayores de COU, los tiempos del baloncesto en el patio, lloviese o nos arrastrase un huracán. Un huracán como el de aquella profesora de música con la que tanto descubrimos de la vida. Fueron los años en que conocí a Olalla, y nos hicimos como hermanas. Es una de tantas cosas que me dio mi colegio, uno más de esos agradecimientos pendientes, la amistad que me ha acompañado en estos años.



Hemos tenido reencuentros, pero la vida va arando distancias, con fuerza, y al final, sin saber porque, vas perdiendo esos tesoros. A veces, aunque sea por dolor los reencuentras.

Hace unas semanas volví a saber de Olalla. Era un mensaje breve, como suelen ser las emociones intensas. “Hola Mamen. Tengo cáncer, me operan mañana en el Ramón y Cajal. Tengo miedo. Te echo mucho de menos”.

Han pasado tres semanas y Olalla está como una rosa. Que de eso me encargo yo. Tres semanas de angustia. Esas que pasan desde la muerte te señala con el dedo, hasta que un médico te dice con una sonrisa, “si hace falta la arrancaré el dedo, pero tu te quedas con nosotros”.

Esta mañana hemos estado juntas en el Parque Juan Carlos l de Madrid, viendo como cientos de afectadas, de familiares y de ciudadanos de buena voluntad elevaban al viento la Bandera de la Esperanza, una bandera formada por centenares de pañuelos rosas, una por cada mujer que ha sobrevivido.

La ha costado aguantar todo el acto. Esta débil, está lacerada, esta preocupada, esta llena de miedos, a la muerte y a la vida. Miedo a perder su trabajo, a ganar el rechazo de su marido, a dejar en el camino su feminidad, a no poder tener hijos, al dolor de un largo tratamiento. Miedo a un mal que afecta a una de cada ocho mujeres. Un mal al que se vence, pero no sin pagar un precio muy alto. Está aterrada, pero no está vencida. Porque no está sola.

Hoy, una carrera ha reivindicado a la mujer, a su enfermedad y a la violencia que sufre. Y lo hacemos por dinero. Si, así de claro. Lo hacemos para recaudar dinero para investigar, para alimentar a los niños de las mujeres enfermas que han perdido su trabajo, para pagar sus hipotecas, para darlas tratamiento que las alivien de la pérdida de su pelo o sus uñas, para sus fisioterapeutas, para cirugía reconstructora, para sus psicólogos, para los abogados que las defenderán cuando algún marido las cambie por una más mona, o más “sana”, para las terapias alternativas, cuando el estado no las paga. Para vivir con dignidad, por ser exhaustiva. Pero también lo hacemos por amor. Para concienciar de nuestra necesaria solidaridad, para alertar sobre la importancia de la detección temprana, para pedir un mimo, una caricia, una leve sonrisa, hacía quien se ve en peligro de dejar de ser mujer, y de dejar de ser persona.

Hace unos días he asistido a una charla del doctor Marcos Cantarero, director de la Agrupación Ginecológica Española. Una charla llena de esperanza, pero llena de realismo. El cáncer de mama está aumentando, y la prevención, es más la autoprevención se está quedando atrás. Las mujeres deben saber que deben abandonar el tabaco, el alcohol, las bebidas excitantes y comidas grasas. Que es vital hacer ejercicio, que es esencial abandonar esas vidas llenas de estrés por la mala conciliación familiar. Y que es esencial la auto exploración, el controlar y aprender de tu cuerpo. Basta elevar el brazo y hacer círculos sobre el pecho, para detectar un nódulo, un pequeño bulto. Un gesto sencillo que salva vidas, y que si lo practica tu pareja o tu madre, te da amor.

Ha sido mágico ver estos días tantos gestos. Compañías de cosmética que lanzaban cofres de maquillaje que dan pinceladas rosas, empresas que donan pulseras que se abrazan en un gesto solidario. Actrices como Blanca Suárez, Úrsula Corberó, Clara Lago, Lidia Bosch, Manuela Velasco y Marta Hazas que hacen de embajadoras de esta lucha o revistas como Vogue que lanzan campañas para nuevos tratamientos capilares para las enfermas.

Hoy ha sido un día para construir el futuro, para olvidar el pasado y para deciros, en presente, que os queremos.




Lo que hubiera pensado y sentido, si hubiera sido Mamen

Imagen AP-DM

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