viernes, 8 de enero de 2016

Las Chicas de la Habana Vieja

El voleibol en Torrelavega es un deporte histórico que ha recuperado su vieja gloria esta temporada. Aunque se inició oficialmente en 1966, ya desde 1954 el Instituto Marqués de Santillana, el colegio de los Sagrados Corazones y la industria papelera de la zona, Sniace, habían dado los primeros pasos para crear una estructura deportiva estable. Exclusivamente volcado en el deporte femenino, el voleibol Torrelavega se convertiría en los siguientes años en un elemento esencial de la promoción de la mujer y sus valores.


Tras alcanzar la élite en 1975, consiguió su apogeo en las dos décadas siguientes, en las que se convirtió en un clásico de las competiciones europeas, y logró una liga y dos copas, siendo un semillero para los grandes clubes y la selección nacional, lo que servía de acicate para una cantera de niñas, cada vez más importante y mimada. Una época marcada por grandes figuras como Marta Eguren o Cristina Sánchez, entre otras.


Su decadencia se iniciaría, sin embargo, cuando su modestia chocó con los presupuestos de los grandes clubes, lo que le llevaría, incluso, a renunciar a la máxima categoría por falta de recursos.


El apoyo del gobierno regional, el tesón de mujeres como su presidenta, Jezabel Tazón y su capacidad para integrar a las nuevas culturas de la ciudad le devolvieron a un merecido primer plano a comienzos de este siglo, de la mano de otra excepcional generación, con jugadoras como Cira Domínguez o Aroa Sánchez. Jugadoras como la brasileña Juliana Escobar supieron compaginar su pasión por el voleibol con su carrera, con su familia y con su labor de formación de cantera, a la que se dedicaba, como entrenadora, al igual que sus compañeras. Filosofía que potenció otro miembro importado, el entrenador argentino Marcelo De Stefano, máximo responsable técnico del equipo hasta hace poco, entrenador en las categorías inferiores y coordinador de las escuelas deportivas municipales de voleibol.


En los últimos años, el voleibol Torrelavega ha sabido generar una nueva cantera llena de nombres relevantes, como nuestras compañeras de La Paz Paula y Sara del Olmo, Aida Illerias, Gabriela Abascal, Cristina Ordoñez o Susana González entre otras. Y ha sabido, como en sus orígenes, seguir siendo algo más que un equipo deportivo, al representar un ejemplo de promoción y de la mujer, y simbolizar que la cooperación entre culturas e identidades diferentes sosteniendo la fuerza y el desarrollo de una sociedad cada vez más abierta y renovada.


Sin embargo, su destino siempre ha chocado con aquello que en deporte debiera ser secundario, el dinero. El año pasado, los rigores presupuestarios.


Este año el Voleibol Torrelavega, volvió a la carga, fiel a su leyenda. De la mano de Álex Río Esther Herrera, han luchado con cabeza y con pasión en una liga que se hace pequeña para un corazón tan grande, protegiendo al primer equipo, y mimando a los 14 equipos de base donde se forma la flor y nata de la juventud local, en femenino.


Hace un año, tras derrotar a La curtidora, el equipo en cuyas filas compite la mejor atacante de la liga, la americana Vanesa Murria, ya tienen el ascenso, incluso antes de acabar la competición.


Entre tanta alegría, el entrenador del equipo desvelaba un rasgo del club, la sensatez. “Jugar con dignidad en la Superliga implica triplicar el presupuesto actual y reunir unos 160.000 euros. Creo que con los patrocinadores actuales podemos seguir contando. Lo que no sé es si las instituciones podrán ayudarnos”.


Un año después, el equipo, sin alharacas ni derroches, con un puñado de crias y alguna veterana, se ha proclamado campeón de la Copa de la Princesa. Un éxito más. Un triunfo increíble, otra vez.


Me han llamado la atención, en ese aire eufórico que se vive en estas horas de merecido triunfo tres detalles, no se si muy perceptibles. El silencio de la ciudad. No ha habido autobuses descapotables, ni portadas en las ediciones de los medios audiovisuales, ni recepción (aun) ante multitudes en el ayuntamiento. Hechos todos ellos que se producirían ante un miserable empate en un amistoso, de cualquiera de los clubs de fútbol de la región que, especialmente el Racing, acaparan el 90 por ciento de la atención de los medios (en temas deportivos), y no por ser, precisamente un ejemplo moral para jóvenes y mayores.


También me llama la atención el silencio administrativo. Del fútbol, del Racing concretamente, se habla siempre con cifras de siete dígitos a fondo perdido. La presión que la opinión pública y los medios de comunicación ejercen por “los colores” de ciertos equipos llevan a las administraciones a enterrar miles de euros en proyectos inviables, inmorales y en los que, nunca lo sabremos, el deporte se ha convertido en un sucio trapicheo entre dirigentes y empresarios. El voley no. El voley es un deporte. Es una forma de cultura, un rasgo de identidad colectiva en el que unos esforzados entrenadores educan, forman y hacen crecer a chicos y chicas que sin el deporte, posiblemente serían peores personas, influidas por ese enjambre de sinvergüenzas que nos chulean los cuartos desde, entre otros barrizales, el fútbol. El remo, el baloncesto, el balonmano, el atletismo o el voley si cumplen con la función social del deporte entre los jóvenes. El fútbol esta por ver. Eso sin citar otras patochadas en las que las administraciones malgastan nuestros impuestos.


Pero lo que me parece más sublime de esta historia son las declaraciones de Ángel Neila, presidente de estas niñas del voley. “Vamos a intentar reunir ese dinero. Con todas nuestras fuerzas. Lo contrario sería una falta de respeto para toda Torrelavega». Pero ante todo hay una prioridad. No vamos a hipotecar el club. Todas las directivas que han pasado por aquí han tenido muy claro que el Club Voleibol Torrelavega no se puede endeudar. Y es que endeudarse por el sueño de jugar un año entre la élite del voleibol español podría echar al traste el proyecto de futuro de un club con 14 equipos en las categorías de base, y eso lo debemos salvaguardar”.



Que más se puede decir. Un beso inmenso para las niñas de la Habana Vieja, el pabellón donde juegan las mejores.

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