sábado, 23 de marzo de 2013

TP7. La dictadura de Primo de Rivera (comentario)



La crisis de la Restauración iniciada en 1876 se había iniciado en 1898, tal como hemos visto en el básico 12, y había ido creciendo y tomando un sesgo revolucionario, tal como hemos visto en el básico 13. El principio de este comentario debe, por tanto, partir de explicar la injusticia social, la corrupción y la crisis económica que sacudía España.
Los intentos regeneracionistas Maura y Canalejas, el fracaso de los gobiernos, las influencias de la Guerra Mundial, la crisis de 1917 y, sobre todo, el crecimiento constante de la influencia militar en una sociedad abocada a la revolución (clases bajas) y atemorizada por ella (la burguesía).




En este contexto la grave situación del país pareció encontrar una solución no con el modelo de revolución social que había surgido en Rusia, sino mediante una intervención militar del tipo de la que había surgido poco antes en Italia, con un Musolini que se erigió e salvador de las tradiciones frente a la amenaza extranjera soviética. Así surge el golpe de estado de Primo de Rivera. Un golpe de ciertas influencias regeneracionistas, aceptado por el rey y consentido por la burguesía y la mayoría de partidos, del turno o no, que como el resto de las clases medias e instituciones quisieron ver en el general un alivio y una esperanza de mejora sin llegar al conflicto civil. Pero pronto lo que se había visto como un paréntesis en la vida “democrática” se convirtió en una dictadura con intenciones de pervivencia y cambio constitucional, asociado, mientras duro, a un cierto desarrollo económico, paz social y éxito internacional (Marruecos). El dictador suspendió la Constitución, prohibió la actividad política y controló la prensa. Intentó final de establecer un Estado corporativo de raíz fascista apoyado por un partido único y una ley que consagraba un estado personalista y autoritario. El fracaso de esa vía, en medio de la crisis económica de 1929, enfrentaba a España con sus viejos problemas. Tras un breve experimento democrático, la Guerra Civil, largamente larvada, estaba servida. Pero ahora con más odio acumulado

La dictadura de Primo de Rivera es un régimen autoritario y militar que pretende solucionar los graves problemas de España desde una justificación regeneracionista, añadida a valores e ideales militares. El mismo se presentaba como un cirujano de hierro para "máximo 90 días".
La crisis de la Restauración empieza con la generación del 98, cuando una ola de regeneracionismo invade toda España, y se va a continuar en las crisis de 1909, 1917 y 1921.
La dictadura de Primo de Rivera va a tener una gran significación, pues va a servir de laboratorio o precedente de la dictadura de Franco. Muchos de los principios adoptados por Primo van a ser utilizados por Franco, al mismo tiempo que va a aprender de sus errores.

Ya hemos visto que una de las consecuencias más importantes del desastre del 98 había sido el desarrollo de la ideología regeneracionista. Un movimiento que había alcanzado a los intelectuales, a algunos políticos (Maura o Canalejas) e incluso al ejército. En este caso, los militares (que hay que recordar que habían perdido todo protagonismo político en las bases de la Restauración de Cánovas) también veían la necesidad de acabar con el atraso, la tensa situación social y la corrupción (algo a lo que el texto alude en varias ocasiones), pero, a diferencia de otros grupos, ellos veían una solución distinta a esta problemática del país. Una solución autoritaria que eliminara lo que ellos consideraban las raíces del mal, todas ellas políticas: el liberalismo y el dominio de los caciques, el separatismo regionalista y el carácter anárquico y anti tradicional de los movimientos obreros, un peligro revolucionario para su concepción de España.
Al igual que la dictadura franquista que llegaría pocos años después. Las soluciones de Primo de Rivera que emanan de este texto son muy parecidas, y están basadas en una ideología similar: concentración de poderes, eliminación del pluralismo político y el sistema representativo libre, corporativismo, intervención económica del estado, creación de un partido único y eliminación de derechos y libertades.

Una última cuestión relevante a tratar es el camino que había llevado a los militares a este protagonismo en 1923. Desde 1904, tras la crisis del Cu-Cut, en la que habían salido indemnes del ataque a esta revista satírica, el gobierno había aprobado una ley de jurisdicciones que les permitía someter a sus tribunales y a su código militar incluso a civiles, siempre que estos hubieran atacado o menospreciado los valores propios de los militares, la integridad de la patria o cualquier otro principio que ellos considerasen esencial. Ello provocaba dejar a su merced la capacidad de violar los derechos civiles. Tras la represión de la Semana Trágica, el ejército había tomado un protagonismo creciente en la defensa del gobierno ante los grupos de oposición, especialmente en 1917, cuando su intervención evitó que la asamblea de Barcelona o la huelga revolucionaria acabara con la Restauración. La organización  de la Juntas de defensa, organismos que representaban a los militares, pero a no estar permitido por la constitución, era otra muestra de este poder. Cuando tras el desastre de Annual, informes como el Picasso desvelaron la forma de actuar corrupta y negligente de los militares en Marruecos, era evidente que estos no se iban a dejar juzgar.
Amparados por un clima totalitario en Europa, le debilidad de los gobiernos del turno y por la amenaza de nuevas huelgas, el 13 de Septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña (el más destacado en la represión obrera) Miguel Primo de Rivera se pronunció contra la legalidad constitucional declaró el estado de guerra y exigió que el poder pasase a los militares, mediante este manifiesto que estamos comentando.
Ten tan solo horas, y sin ninguna resistencia, el rey Alfonso XIII (que aunque no formaba parte de la conspiración la conocía y no la evitó), garante de la constitución, le encargó la formación de un nuevo gobierno, mostrando así su apoyo a una situación que amparaba y apoyaba el fin de un régimen constitucional del que él era parte. Era el fin de la Restauración.

En un principio el golpe contó con un notable apoyo popular, el respaldo de la mayoría de la prensa y la no oposición de sindicatos como UGT y partidos políticos como el PSOE (el sector de largo Caballero). En contra solo se mostró la prensa republicana y algunos intelectuales Unamuno, que fue castigado por ello con el destierro a Fuerteventura. Similar suerte correrían Azaña o Pérez de Ayala.
La razón de esta pasividad se encontraba en el cansancio de la población ante una situación violenta, ruinosa y sin salida, como la se vivía. Muchos entendieron el golpe no como el fin de un régimen constitucional, si no como un paréntesis, una solución de emergencia, pero transitoria, como el famoso cirujano de hierro que había anticipado Joaquín Costa para remediar los endémicos males políticos, económicos y sociales del país. La presentación de la dictadura como un movimiento no ideológico favorecían, también la aceptación entre la mayoría de la población.

Entre las causas las hay también internacionales, como el éxito de la revolución bolchevique, y el triunfo del poder obrero en varios países, que había causado el pánico entre las clases burgueses. Además la mayoría de las democracias occidentales se encontraban en una profunda crisis, a la que se le uniría en 1929 el crack de la Bolsa de Nueva Cork. Todo ello había ayudado a que se desarrollasen movimientos totalitarios y fascistas (Italia, Hungría, Alemania, Finlandia..).

Ante todo este cúmulo de circunstancias, el ejército se presentaba como el único baluarte del regeneracionismo del país, de acabar con la injusticia social, la miseria y la corrupción, ellos que carecían de interés partidista y la última línea de defensa frente a la amenaza revolucionaria.
En el fondo, probablemente Primo de Rivera pretendía evitar lo contrario, la democratización del país, que el último gobierno de concentración, el de García Prieto, había intentado, con medidas como, por ejemplo, la limpieza del ejército tras el desastre de Annual.

Entre las primeras medidas del general se encontró la concentración de todo el poder en un directorio militar que el presidía. Tras ello intentó acabar con el poder de la Oligarquía, eliminando los partidos dinásticos (sustituidos por un partido único, la Unión Patriótica que el presidía) y entregando el poder de las instituciones a fieles al golpe.
Para acabar con el caciquismo se elaboró un Estatuto Municipal y otro provincial, poniendo a militares al frente de los gobiernos civiles, en realidad nuevos caciques pero con poder administrativo. El orden público fue otra de sus prioridades. Declaro el estado de guerra, pactó con la UGT y reprimió duramente al PCE y a los anarquistas, contuvo a los grupos nacionalistas y arreglo el problema de Marruecos desarrollando una gran operación militar en Alhucemas, con apoyo francés que derrotó a los rebeldes rifeños y acabó con el líder independentista Abdelkrim.

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