lunes, 3 de diciembre de 2012

TP2. "El manifiesto de los Persas". Comentario


El manifiesto de los Persas es un documento clave en el inició de la historia española del siglo XIX, que puso fin al primer gran experimento liberal de nuestro país. En estas lineas encontraras una guía de cómo afrontar el comentario de este documento, que debes completar con la información recibida en clase y el tema 22 del temario general, el reinado de Fernando VII. Empezamos


Vamos a comenzar el comentario explicando la situación histórica, de manera que podamos comprender los factores que explican el texto.
El punto de partida es contar brevemente que antes de 1808, imperaba en España el Antiguo Régimen, basado (es preciso ser breve) en el absolutismo, los privilegios estamentales y el régimen señorial. Junto a factores internos (crisis fiscal, política e ideológica), la situación internacional y la falta de liderazgo del rey Carlos IV y su privado Godoy, condujeron a España a, primero, la guerra contra la Franciarevolucionaria, y, posteriormente a la alianza con ella (tratados de San Ildefonso). El declive militar español (Trafalgar), la inestabilidad interna (Motín de Aranjuez y crítica general al rey), y el miedo de Napoleón a que España cambiase su alianza y se incorporase al bando de las potencias que luchaban contra la revolución, determino la decisión napoleónica de ocupar España, en lo militar, y en político. Ahí, debes explicar dos acontecimientos que explican la situación del texto (porque el texto parte del hecho de que el rey esta fuera del país, y hay que decir porque), el Tratado de Fontainebleau y los Pactos de Bayona. Uno y otro justifican el infame abandono de los reyes y su salida del país, acompañada de la cesión de la soberanía a la familia Bonaparte.
Tras ello, el país quedara dividido en dos, igual que Europa. La zona francesa, gobernada por José I, y la zona de los patriotas, que con ayuda de Inglaterra (que busca debilitar a Napoleón), será gobernada durante esos años de ocupación por un entramado político nuevo, ante la desaparición del sistema absolutista. Es por tanto la propia monarquía la que con su actitud precipita el final del Antiguo Régimen, y facilita que la nación asuma el poder y dirija el país. Esos seis años de guerra, no solo representan un experimento de poder por parte del pueblo, sino el inicio de un proceso de reformas largamente anhelado, durante el siglo XVIII, que se demuestra indispensable, ante la actitud de la monarquía, que ha traído como resultado la perdida de la independencia nacional. Además, la influencia ilustrada, la situación revolucionaria en toda Europa y las reformas iniciadas por el gobierno josefino, explican las reformas de Cádiz. Pero todo es una contradicción, puesto que el espíritu reformista lo representa Francia, que es el enemigo, el país ocupante, y el objetivo es la independencia con ayuda de la coalición internacional, que es absolutista, con lo que la victoria militar traerá consigo la derrota política.
Y efectivamente, concluimos este preámbulo de situación histórica con el final de la guerra, en la cual gana el bando absolutista europeo. Su victoria propicia la reunión de las potencias en el Congreso de Viena, congreso en el que se determina la restauración absolutista en toda Europa, la restitución a los reyes legítimos de sus tronos, y la decisión de las potencias de intervenir por al fuerza, si fuera preciso, en cualquier parte del continente, para eliminar toda obra o tentativa liberal. Para conseguir la independencia Cádiz ha favorecido la vuelta al régimen que quería modificar. Un tratado entre Francia y Fernando VII (Valençay) devuelve a Fernando el trono perdido en Bayona. Y es en ese momento, en el que los privilegiados, que han visto como Cádiz desmonta en seis años, todo su mundo de privilegios y preeminencias, ven la posibilidad de recuperar su poder e influencia, en medio de ese cambio de circunstancias internacionales.
Por todo ello es importante que expliques esta introducción, que nos habrá descubierto la época y las causas del texto. Ahora vamos con el tema, esto es lo que dice el texto y lo que pasa en ese momento.

Estamos en abril de 1814, el pueblo anhela el regreso del rey, símbolo de su independencia, y las cortes desconfían de lo que ocurrirá. Para evaluar su apoyo el rey se pone en contacto con generales fieles (Elio y Eguia), sondea a los británicos a través de su embajador, el hermano del duque de Wellington, y recorre la zona centro, antes de ir a Valencia o Madrid para sondear los apoyos con que cuenta (no sabe como reaccionara la nación tras la espantada de 1808, y los cambios producidos). En ese momento, los británicos y la Santa Alianza, temerosos de los cambios de Cádiz, que contradicen el espíritu restaurador que se quiere imponer, y los grupos privilegiados, a través de este manifiesto, exponen claramente el apoyo al rey en la destrucción de la obra gaditana. Es por tanto este documento, la base de la restauración absolutista, que mediante el decreto del 4 de mayo suprime las Cortes, declara nula toda su actuación y, por consiguiente, deroga la Constitución y toda la legislación realizada por la Cámara, restaurando el Antiguo Régimen.

Aunque el Consejo de Regencia y las Cortes reaccionaron con indignación ante estos tratados internacionales, y exigieron el juramento de fidelidad a la constitución, el apoyo expresado en este documento y los otros apoyos recabados por el rey, sentaron las bases de su derrota.

El texto ademas refleja que los privilegiados no buscan en este texto solo que Fernando VII se limite a restaurar la situación anterior a 1808, sino la recuperación de un absolutismo real, deteriorado bajo el gobierno de Carlos IV. Así el texto, redactado por Bernardo Mozo de Rosales, criticaba duramente las Cortes constituyentes, fruto de las ideas subversivas e impías de la revolución francesa, ajenas por completo a la tradición nacional española, pero exigiendo, como ellas una monarquía limitada o moderada, pero no por los conceptos ilustrados, sino por las antiguas «Leyes Fundamentales», en las que debería plasmarse el pacto entre el Reino y el Rey, tal como habían defendido en Cádiz diputados realistas como Jovellanos. Por eso en el texto aparecen (no en este fragmento) argumentos en contra del liberalismo, y del despotismo ilustrado, como la derrota popular de los Comuneros, la decadencia histórica de las cortes, o el despotismo y decadencia de los ministros. ¿Quien queda?, los señoríos,, como dice el texto al hablar de los representantes de las provincias.
El texto de los “Persas”, utilizo por tanto, y de manera torticera las teorías que se habían discutido en Cádiz, sobre la limitación del poder. Pero limitación en el sentido de una Monarquía basada en la soberanía nacional, en la que el Rey se limita a ejecutar los acuerdos de unas Cortes representativas de la Nación, puesto que los persas no cuestionan en el manifiesto ni la soberanía real ni la Monarquía absoluta (dice el texto que «obra de la razón y de la inteligencia») sino que defienden su moderación mediante unas Cortes estamentales y unos límites basados en tradiciones y creencias (religiosas y privilegios), poco precisos.
El documento no pretende una verdadera evolución política, sino que busca reformar, de manera conservadora el absolutismo de el XVIII sin poner en cuestión sus fundamentos doctrinales básicos, y protegiendo los intereses señoriales.
En todo eso, el primer objetivo del documento, y conseguido, era impulsar al rey a dar un golpe de Estado derribase la obra de las Cortes. Un golpe, repetimos una vez mas, argumentada en la legitimidad del proceso reformador, por cuanto en las cortes, según ellos, no estaban presentes dos de los estamentos, pese a que la convocatoria de cortes lo exigía, por lo que la soberanía nacional solo encubría la apropiación indebida del poder por el tercero.

El resultado fue exitoso, por cuanto el Decreto de 5 de mayo de 1814 restauró el absolutismo y todos los elementos señoriales del pasado. Amparado en la argumentación de los persas. Por eso argumenta el rey que la obra de Cádiz se ha impuesto por al fuerza de una facción, amparada en una supuesta voluntad popular.
Pero en el Decreto, un argumento mas para comprender la importancia del manifiesto, Fernando VII no solo anulaba la obra legisladora de las Cortes de Cádiz, en la que se encontraba todo el programa revolucionario y modernizador que serviría de base al movimiento liberal del siglo XIX, sino que el rey intenta poner en practica la petición de los persas, referente a limitar la Monarquía, en la manera propuesta. Por eso el rey afirmara que aborrece el despotismo, comprometiéndose a convocar las Cortes tradicionales y asegurar la libertad y la seguridad del país.
Estamos pues ante un texto que lleva al rey a prometer no una simple restauración de la Monarquía absoluta, al comprometerse con algunas ideas reformistas, en la línea de la tradición, no de los nuevos tiempos. Pero el rey, una vez más no cumplió. Se apartaría pronto de las tradiciones gobernando de manera despótica bajo el auxilio de una camarilla de ambiciosos y, contra los deseos de los peras y sus aliados europeos, desarrollando una política reaccionaria, bajo la que cayeron, reformistas, realistas (que engrosarían el movimiento carlista), liberales y afrancesados.

Por tanto el gobierno que ahora se inicia, quedara marcado por la represión, y la falta de gobierno y reforma. Prohombres como el Conde de Toreno, Álvaro Florez Estrada, Agustín de Argüelles, Francisco Martínez de la Rosa o Calatrava, acabaron en el exilio, donde prepararían el regreso del liberalismo.
Junto a la represión, el rey y su camarilla (no los persas) restablecieron el antiguo régimen restaurando el Consejo Real y la Inquisición, entregando la Enseñanza a los Jesuitas -quienes regresaron por primera vez a España desde que fueron expulsados por Carlos III- y, desde luego, devolviendo al clero y a la nobleza los privilegios que las Cortes de Cádiz habían suprimido al abolir los señoríos y los Mayorazgos y al aprobar otras muchas medidas destinadas a liquidar la vieja sociedad estamental. Las libertades públicas se eliminaron por completo, prohibiéndose prácticamente todos los periódicos, a excepción de la Gaceta de Madrid y del Diario de Madrid, se eliminaron los pasos desamortizadores A diferencia de otros países absolutistas que dieron pequeños pasos reformistas, para suavizar sus regimenes, influenciados por los cambios de la revolución, el regreso de Fernando VII produjo una auténtica «restauración» de la Monarquía absoluta y, exageradamente reaccionaria.

El texto despertó un arduo debate ideológico entre quienes defendían las posiciones absolutistas (este documento), y los que las rebatían intentando justificar un avance liberal. Así, el radical Florez Estrada defendía que Fernando VII, con su ausencia de España y con su renuncia en favor de Napoleón, había perdido todo derecho a la Corona, quedando la Naciónespañola en absoluta libertad de constituirse como estimase conveniente, y anulándose el régimen señorial, asociado al rey. Al declarar las Cortes, al poco de reunirse, que Fernando VII era el Rey de las Españas, los miembros de aquella Asamblea habían devuelto a este Monarca «el don de una Corona que había perdido», aunque tal devolución traía consigo fundamentar la Monarquía, no en la historia ni en la legalidad fundamental que de ésta se derivaba, sino en un principio nuevo: la soberanía nacional, que las Cortes representaban. La respuesta teórica a los persas se fundamentaba también en el Gobierno Civil de Locke, que sustentaba al gobierno por consentimiento de los gobernados, la división de poderes, los límites de la prerrogativa regia y la supremacía del poder legislativo en la estructura de l Estado.
Además, Flórez Estrada comparaba el papel de España durante la época de la guerra de la Independencia con el de los nuevos tiempos, pasando el país de una dignidad internacional reconocida por su lucha contra el francés, a un ninguneo escandaloso y una total falta de peso para contener o encauzar la emancipación del imperio americano.
Eran argumentos que sostendrían la lucha liberal durante el sexenio, abriendo el camino al Trienio de Riego.

Como sabemos, los siguientes seis años al manifiesto fueron caóticos (crisis fiscal, guerra en América, caída de los precios agrarios, malestar campesino ante la restitución señorial, mercado nacional inexistente, y un comercio colapsado por el hundimiento de la producción industrial y la pérdida del mercado colonial).
El descontento social extendió al ejército, alarmado por la represión y la falta de recompensa por el gobierno a los militares tras el esfuerzo de guerra. La negativa a integrar a los jefes guerrilleros en el ejército, el retraso en el pago de soldadas, las míseras condiciones de vida en los cuarteles, y, sobre todo, el envío de tropas a América para intentar sofocar la rebelión independentista multiplicaron el malestar.
Pero, como nos indicaba el tema 31, el golpe de gracia lo darían dos factores. De un lado la quiebra financiera del Estado, sustentada en la elevación de los gastos por la guerra, y la falta de ingresos ante la negativa del clero y de la nobleza a pagar tributos. De otro un cambio en al situación internacional, con la llegada de las revoluciones de 1820.
Ello llevaría al primer aviso de fin definitivo del Antiguo Régimen, el gobierno de Riego (que esbozaremos brevemente). Aunque el rey juró la Constitución no aceptaba de hecho el régimen constitucional. Por ello, encubiertamente, alentó la oposición de los absolutistas que ejercieron toda la resistencia posible contra al Gobierno liberal que se había constituido. Habremos de explicar aquí, más que sus reformas, la caída del régimen liberal.
La conclusión del texto será la Década Ominosa, en la que, junto a la represión y estancamiento del régimen, deberemos explicar el origen del problema carlista y del sucesorio, síntoma de la traición de Fernando a los principios que hemos enunciado defendía el manifiesto de los Persas, un rey limitado por el orden tradicional y negado a todo avance (que el en el final de sus días permitió).

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