viernes, 9 de octubre de 2009

eolapaz, y quizá una despedida


Sin duda, el envejecimiento, la soledad y la muerte son parte de la naturaleza de las cosas, y de los hombres. Y sus obras no escapan a esa regla, y eolapaz tampoco.

No se muy bien como llegue hasta aquí. Era 2005, me encontraba en mi último curso de carrera y una de las asignaturas de comunicación me exigía hacer una práctica, que yo decidí que fuera en nuevos medios de comunicación. Tras otear entre las plataformas existentes descubrí, casi por casualidad, una experiencia educativa diferente. Un profesor de Cantabria estaba poniendo en marcha una web educativa que combinaba materiales de estudio, con una revista digital. Lo más exótico era que en este caso no se producía la situación habitual, ya de por si novedosa, de que el docente creara un medio digital para sus alumnos, capaz de ser usado en clase. Los alumnos, bajo su batuta claro, creaban ese medio. La revista que entonces se abría paso recogía artículos de actualidad, apuntes y materiales que elaboraban sus alumnos, y que luego se publicaban en la web para que todos pudieran usarlos, opinar o, perdiendo el miedo, seguir sus pasos, y una tutoría cooperativa en la que muchos ayudaban al resto a través de la red. Con todo, la novedad no acababa ahí. Siendo la web de un colegio, a fin de cuentas, eran habituales, yo diría que señeras, las colaboraciones de alumnos y jóvenes de otros centros. Pronto, con mucha ilusión, y pocos medios, se fue creando una comunidad digital, de gentes anónimas, que solidificó el proyecto, lo extendió y alcanzó un cierto reconocimiento.
Han pasado los años, han llegado algunos premios y, reconozco, muchas satisfacciones. Aunque sin poner rostro, ni recibir el cariño que desprende una mirada, he conocido, en la distancia de un cable de cobre, chicos y chicas maravillosos. Pero la historia, decía Víctor Hugo, es el refugio de lo que pudo ser un fracaso, y rehúso serlo. O lo que es lo mismo, saber retirarse es un don, propicio para mantener la dignidad.
Muchos de los objetivos que se pretendían se han alcanzado, de hecho no es infrecuente recibir comunicados de docentes españoles o americanos que nos piden que contemos nuestra experiencia, en aras de usarla como base a otras, distintas, pero próximas en sus intenciones. Y esa llegada a la meta debe hacernos reflexionar.
Eolapaz ha alcanzado una complejidad que supera las capacidades de quienes lo hemos hasta ahora mantenido, y a los que los años y las obligaciones, familiares o universitarias, nos limitan. Solo la última semana la estadística revela 43.802 visitas a los seis site principales, sin contar blog, que forman el proyecto. Fueron visitados 1013 artículos, subimos 198 nuevos, en varios formatos y debimos realizar 211 actualizaciones, revisiones o correcciones. Se recibieron o corrigieron 86 colaboraciones y fuimos enlazados, por primera vez por 12 sites. Cifras que en una web comercial normal son modestas, pero que para nosotros resulta desbordante.
Con todo, el camino abierto es una satisfacción. Algunos centros que se adhirieron a esta iniciativa en aquellos años hoy disponen de webs propias, tienen redacciones propias e intranets técnicamente poderosas que nos convierten en innecesarios en ese cometido. Algunos de los chicos y chicas que formaron o colaboraron en los comienzos de eolapaz, han creado sus propios espacios, con éxito, y con mucha calidad. Jose Luís, Pablo, Ivan, Álvaro, Laura, Zina, Nando, Mario, o yo misma, hemos aumentado la galaxia eolapaz, al tiempo que vaciábamos la necesidad de esta plataforma. Aun más, muchos de los jóvenes que en los últimos años han sido el alma de eolapaz terminan este año sus estudios, y la diáspora universitaria, y las nuevas exigencias de sus vidas, les alejaran del proyecto, especialmente a los compañeros de Torrelavega, Fuenlabrada y Gijón, los más activos. Es ley de vida.
Mantener un proyecto de este tipo tiene, al tiempo, sus esclavitudes, y sus miserias. No ha sido excepcional el toparnos con gente maravillosa, con ciudadanos que se han asomado a estas páginas y nos han ayudado. También con incomprensiones destacadas. Algunos medios comerciales nos han dado “leña”, siendo vulgares, con pocas contemplaciones, y con pocas, para mí al menos, razones. Son ataques limitados, pero crueles y dolorosos, por cuanto se basan en un actitud poco generosa, en estos tiempos en que tan necesario es ofrecer espacios de educación y ocio para jóvenes. Una lacónica carta me explicaba desde Torrelavega este verano, la soledad de la redacción de esa ciudad donde todo nació, en un acto público en el que un grupo de empresarios pretendían homenajear a estos chicos, y a los que, al parecer, no acompañaron ni sus padres, en muchos casos.
Al principio, nuestra pequeñez nos hizo invulnerables. Hoy eolapaz es más grande, y su trabajo es más delicado por más difundido. Fotos de jóvenes que obligan a largos y tediosos procesos administrativos para no violar la ley del menor, derechos de autor, entrevistados que de pronto piden la retirada de un artículo porque no esperaban tanta difusión. Hechos banales para un medio profesional, pero a veces montañas escarpadas para quienes solo ambicionan leer, escribir y pensar.
No escribo hoy sobre eolapaz con nostalgia, con tristeza o con distancia. Lo hago sobre jóvenes. Sobre chicos y chicas ilusionados que un día quisieron, como rezaba el lema de nuestro coordinador, contar el mundo que veían sus ojos.
Como decía Alberto la semana pasada en Copenhague, no hay que confundir rendirse con plantear otros objetivos. No es que eolapaz deba morir, o quizá si, pero si que proyectos como este carecen ya de sentido, al menos en sus formas actuales. Y es así no solo en una experiencia colectiva y educativa como esta, sino en gran parte de la web. Blogs que cierran, periódicos que cobran por contenidos, compras y absorciones que eliminan a medios pequeños e independientes, leyes que cierran el campo a blogs y aplicaciones de uso libre…
No somos los primeros en morir, ni seremos los últimos. Tan solo ocurre que aquella frase famosa de “contar el mundo desde lo que ven sus ojos” ha perdido ya parte de su sentido. Porque no hay nada que contar, o porque no merece la pena abrir lo ojos.

1 comentario:

Papreiro dijo...

Me dejas... sin saber que decir o cómo reaccionar...

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